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2012-05-10 | Noticias de Chile

Tsunami paso a paso: los escandalosos errores y omisiones del SHOA y la ONEMI

La historia exclusiva de las primeras ex cinco horas


En Valpara√≠so, los marinos del SHOA mantuvieron la cancelaci√≥n de la alarma de tsunami pese a que la ocean√≥grafa de turno les advirti√≥ del peligro de ‚Äúolas destructivas‚ÄĚ. En Santiago, funcionarios de la Onemi supieron que una ola hab√≠a devastado Juan Fern√°ndez y no dieron aviso. En las siguientes horas dos enormes olas mataron a 36 personas.

Por : Pedro Ramírez y Jorge Aliaga Sandoval en Reportajes de investigación

Estas son sólo dos de la decena de graves errores cometidos por autoridades civiles y navales que debían velar por la seguridad de los chilenos en la madrugada del 27 de febrero de 2010 y que esta investigación de CIPER devela por primera vez paso a paso.

En esta investigaci√≥n de CIPER se reconstruye por primera vez en forma completa los episodios claves vividos en los principales centros de decisi√≥n de la Armada y del gobierno y que explican la inoperancia de las autoridades en las cinco primeras horas de la tragedia, cuando a√ļn se podr√≠an haber salvado vidas. La magnitud de la inoperancia se grafica en que reci√©n cerca del mediod√≠a del 27 de febrero de 2010, ocho horas despu√©s de que llegaran las primera olas a la costa chilena, los marinos del SHOA constataron que en Chile hab√≠a habido un tsunami.

M√°s grave a√ļn: durante horas esos marinos desoyeron los datos de una mujer experta ocean√≥grafa que les insist√≠a en que estaban leyendo mal los datos y que era probable que ‚Äúolas destructivas‚ÄĚ llegaran a la costa. La misma advertencia que hizo llegar desde Hawai personal del Pacific Tsunami Warning Center (PTWC) una hora y diez minutos despu√©s del terremoto.

La contraparte civil del SHOA, la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI), no actu√≥ mejor. Los antecedentes reunidos por CIPER muestran que funcionarios claves de ese organismo no comprend√≠an los procedimientos del SHOA y malinterpretaron la alerta enviada por ese organismo. Peor a√ļn, pasadas las 05:00 de ese terrible d√≠a, recibieron informaci√≥n de que el archipi√©lago de Juan Fern√°ndez hab√≠a sido arrasado por un tsunami. ¬ŅPor qu√© no dieron la alerta? En ese momento a√ļn faltaban dos olas por llegar: 32 personas murieron sin que nadie les advirtiera del peligro. Es por esas muertes que la fiscal√≠a podr√≠a acusar de hasta ‚Äúcuasi delito de homicidio‚ÄĚ a funcionarios de la Onemi y de la Armada.

03:34 (minuto Cero)

El suave vaiv√©n inicial lo puso en alerta. Se despert√≥ cuando el terremoto reci√©n comenzaba y en lugar de asustarse, aguz√≥ los sentidos. Cuando el dormitorio comenz√≥ a agitarse con furia, fue su mujer la que salt√≥ de la cama para poner a resguardo a los tres ni√Īos. √Čl ni se alter√≥ ni busc√≥ refugio. A diferencia de los casi 12 millones de chilenos repartidos en las seis regiones m√°s pobladas del pa√≠s que despertaron aterrados, Jorge Henr√≠quez C√°rcamo se puso de pie y contra lo que dicta el instinto de supervivencia intent√≥ medir la fuerza que descargaba la tierra.

En esa madrugada del 27 de febrero de 2010, Henr√≠quez era jefe de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) de la Regi√≥n del Biob√≠o. En t√©rminos t√©cnicos, lo que se conoce como un ‚Äúobservador entrenado‚ÄĚ. En la oscuridad calibr√≥ el crujir de las construcciones, el corcovear de los muebles y el estruendo de objetos que se estrellaban en el piso. Pero el s√≠ntoma m√°s evidente de que el sismo se convertir√≠a en tragedia, era que √©l mismo apenas lograba mantenerse en pie. Calcul√≥ la intensidad en grados Mercalli y de inmediato pens√≥ en la posibilidad de un tsunami. Lo hizo porque estaba a unos tres kil√≥metros de la costa de Concepci√≥n, en San Pedro de la Paz.

Henr√≠quez tom√≥ el tel√©fono cuando la tierra a√ļn descargaba latigazos y marc√≥ el n√ļmero de la Onemi central, en Santiago. Sab√≠a que las comunicaciones colapsar√≠an apenas el suelo volviera a calmarse.

Le respondió uno de los tres funcionarios de turno en el Centro de Alerta Temprana (CAT) de la Onemi. Pudo ser el jefe de turno Osvaldo Malfanti Torres, el radioperador Rafael López Meza o el chofer Manuel Bravo Pacheco. A la carrera, Henríquez reportó que el sismo era de intensidad IX a X en la escala de Mercalli. Del otro lado le indicaron que la información que tenían era que se trataba de un grado VII. Henríquez se irritó:

-Mira conchetumadre, esto es un terremoto y es grado IX a X.

Henríquez nunca habló de esto con otros colegas de la Onemi. Hasta que en una cena de camaradería, en abril de 2011, por primera vez Carmen Fernández, la ex directora de la Onemi que dimitió tras el terremoto, oyó el relato de Henríquez:

-Sentí que se me doblaban las piernas cuando lo escuché -dijo Carmen Fernández a CIPER.

El relato de Henríquez dejaba en evidencia que en la madrugada del terremoto uno de los tres hombres de turno en el CAT desestimó un dato clave para evaluar tempranamente la posibilidad de un maremoto. El registro que esa madrugada difundió oficialmente el CAT indicó erróneamente que en la Región del Biobío el terremoto fue sólo grado VIII Mercalli.

-Nunca fui informada que el jefe de la Onemi regional había percibido, en el borde costero, una intensidad tan alta. Si esa información hubiese circulado esa madrugada, probablemente se hubiesen tomado otras decisiones -indica Carmen Fernández.

Incr√©dula, la ex directora de la Onemi le pregunt√≥ a Henr√≠quez si su relato era fiel a lo que comunic√≥ en la madrugada del terremoto. Su ex subalterno se lo confirm√≥ y agreg√≥ que era exactamente lo que le hab√≠a contado al fiscal del Ministerio P√ļblico que le tom√≥ declaraci√≥n a mediados de 2010.

La declaraci√≥n de Henr√≠quez figura en una carpeta reservada de la investigaci√≥n que lleva la Fiscal√≠a Regional Metropolitana Occidente. Las pesquisas son lideradas por la fiscal regional, Solange Huerta, secundada por los fiscales Andr√©s Castellanos y Luis Tapia. El grupo se ha dedicado en estos dos a√Īos a establecer las responsabilidades penales de quienes, faltando a sus deberes, podr√≠an haber propiciado que 178 personas murieran en el maremoto (22 de ellas a√ļn desaparecidas). La investigaci√≥n se ha centrado en los funcionarios de la Onemi que no difundieron la alerta de tsunami; en la dotaci√≥n del Servicio Hidrogr√°fico y Oceanogr√°fico de la Armada (SHOA), que err√≥neamente cancel√≥ esa alerta y en las autoridades que informaron que ya no hab√≠a riesgo cuando a√ļn no terminaban de arribar las olas asesinas.

03:40 (a seis minutos del sismo)

José del Carmen Tapia estaba a no más de 20 kilómetros del punto desde donde el jefe regional de la Onemi de Biobío hizo su reporte. Cuando la tierra paró, decidió seguir su instinto y el de la mayoría de sus vecinos: partió a subir el cerro que encajona la Caleta Tumbes, en Talcahuano. Como la mayor parte de los chilenos, los pescadores y algueros de Tumbes estaban incomunicados y sin luz. Pero no necesitaban escuchar autoridades por la radio o verlas por la tele para saber que había riesgo de maremoto. En Tumbes, la tradición oral y la memoria colectiva fueron suficientes.

Tratando de alcanzar el cerro, Jos√© del Carmen (69) se encontr√≥ con su primo Juan Carlos Mora (46), quien con un foco romp√≠a la oscuridad en Tumbes y alumbraba hacia el mar. Desde la calle principal llegaban los gritos de quienes intentaban poner orden o buscaban a sus ni√Īos para organizar la subida al cerro. El haz del improvisado faro de Mora se mov√≠a nervioso sobre las aguas. Cuando el precario hilo de luz revel√≥ que el mar hab√≠a comenzado a recogerse, un estallido de estupor y espanto antecedi√≥ a los gritos que multiplicaron el traj√≠n de la evacuaci√≥n. En su declaraci√≥n policial, Mora asegur√≥ que el agua se retir√≥ unos 200 metros, pero que volvi√≥ lentamente, sobrepasando apenas la marca habitual de la marea.

Visto que la primera marejada s√≥lo bes√≥ el muro de contenci√≥n de la caleta, Jos√© del Carmen pens√≥ que no era para tanto y se devolvi√≥ a su casa a buscar su inhalador y ‚Äúunas monedas‚ÄĚ. Unos diez minutos despu√©s morir√≠a de asfixia por inmersi√≥n en su propio dormitorio. Qued√≥ tendido a los pies de su cama cuando una segunda ola gigantesca entr√≥ a la caleta triturando las casas de madera como si fuesen varillas secas.

Cuando la primera ola comenzaba a matar en Talcahuano, el geof√≠sico del Centro de Alerta de Hawai, Vindell Hsu, se comunic√≥ con el SHOA. Quer√≠a confirmar si hab√≠an recibido su mensaje de que el terremoto ten√≠a un alto potencial de tsunami. Le contest√≥ el cabo Araya. En su declaraci√≥n Hsu dijo que intent√≥ conversar con el chileno, pero que √©ste al parecer no hablaba ingl√©s: ‚ÄúEscuch√© algo que no entend√≠ y no fue ingl√©s‚ÄĚ.
Jos√© del Carmen no sab√≠a que un tsunami es un ‚Äútren de olas‚ÄĚ de tres, cuatro o m√°s ondas que azotan la costa con distinta fuerza y en intervalos que pueden durar desde minutos a horas. Tampoco que la primera ola, precisamente la que √©l vio, normalmente es la menos destructiva. En la madrugada del 27/F, diversos puntos del litoral entre Valpara√≠so y Puerto Saavedra recibir√≠an a lo menos cuatro olas a distintas horas, entre las 03:49 y las 06:40.

Desde la llamada que hizo Jorge Henríquez a la Onemi y la primera marejada que arribó a la costa -en San Antonio, Pichilemu y Constitución- no pasaron más de 15 minutos. Y tal como lo intuyó Carmen Fernández en la cena donde escuchó a Henríquez, el testimonio del ex jefe regional de la Onemi se convirtió en prueba de la primera de las graves omisiones que se cometieron en el CAT.

Efectivamente, en el minuto cero de la tragedia, el CAT recibió el dato de Henríquez, quien estando a escasos kilómetros de la costa, reportó una percepción de IX a X grados Mercalli. Ese dato inicial de manera indubitable ponía sobre aviso el riesgo de un maremoto.

¬ŅQu√© fren√≥ al jefe de turno del CAT para llamar de inmediato a las autoridades de las zonas costeras a poner en marcha la evacuaci√≥n? B√°sicamente, la ley. De acuerdo con el Decreto Supremo N¬ļ 26 del 11 de enero de 1966, el SHOA es el √ļnico organismo que puede generar una alerta de tsunami. La responsabilidad de la Onemi se remite a difundir a la poblaci√≥n la alerta emitida por el SHOA.

La facultad privativa del SHOA es uno de los argumentos que esgrimi√≥ en el sumario administrativo efectuado en la Onemi el jefe de turno del CAT esa noche, Osvaldo Malfanti, para explicar por qu√© no difundi√≥ la alerta de tsunami. Pero la misma Onemi, a trav√©s de su documento ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ, durante a√Īos ha capacitado a las autoridades comunales costeras ense√Ī√°ndoles que ‚Äúbasta la ocurrencia de un sismo de gran intensidad, que impida a las personas mantenerse en pie, que haga caer muros, derrumbe torres y logre desplazar algunas casas de madera, para (‚Ķ) aplicar el Plan de Emergencia en su fase de Evacuaci√≥n hacia zonas seguras‚ÄĚ.

Carmen Fern√°ndez explic√≥ a CIPER que el ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ no es una norma que obligue a la Onemi a llamar a una evacuaci√≥n, sino s√≥lo ‚Äúuna metodolog√≠a que se ense√Īa a las autoridades locales para que establezcan sus propios planes de protecci√≥n. La decisi√≥n de evacuar es de las autoridades locales‚ÄĚ. En otras palabras, y contra toda l√≥gica, el ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ no obliga a la Onemi a difundir la alerta de maremoto, aunque tuviese certeza de que minutos antes un terremoto arras√≥ localidades costeras. La paradoja es que la Onemi ense√Īa a los habitantes del litoral que deben huir apenas se produce el sismo, pero est√° obligada a esperar que el SHOA emita formalmente la alerta para reci√©n irradiarla.

El mismo ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ deja en evidencia lo absurdo de esta f√≥rmula. El documento explica que para que se produzca un tsunami deben darse algunas condiciones: el sismo debe ser superior a 7,5 grados Richter; el movimiento debe ser vertical y no s√≥lo lateral; el √°rea de ruptura geol√≥gica debe situarse a menos de 60 kil√≥metros de profundidad y la mayor parte de la zona de ruptura debe ubicarse bajo el lecho marino. Pero como estas condiciones son medidas con instrumentos que pueden tardar de 10 a 15 minutos despu√©s del sismo -que es lo que demora el SHOA en monitorear la situaci√≥n- y una ola destructiva puede alcanzar la costa antes de ese lapso, el ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ indica que lo sensato es evacuar apenas se produce el movimiento tel√ļrico.

Pero en la madrugada del 27/F la sensatez chocó con la burocracia: la Onemi no llamó a las autoridades comunales del litoral a evacuar. Y a pesar de que su propio jefe regional del Biobío alertó la magnitud devastadora del sismo en el borde costero, la Onemi esperó la evaluación instrumental del SHOA.

En el balneario de Constitución esa sería una lección amarga, de esas que entran con sangre.

03:44 (a diez minutos del sismo)

‚ÄúDios te salve Mar√≠a, el Se√Īor es contigo, bendita t√ļ eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre‚Ķ‚ÄĚ. La desesperada rogativa brotaba convertida en susurros de los labios del capit√°n del pesquero Pinita, Jos√© Ibarra, mientras aguantaba el tim√≥n para poner la proa de frente a la mole de agua que se le ven√≠a encima. Calcul√≥ en unos 15 metros de alto la pared oscura que su nave comenz√≥ a remontar a una velocidad inaudita, succionada por la corriente.

Ibarra y los seis tripulantes del Pinita, cuyo testimonio fue recogido en el premiado reportaje ‚ÄúLa ola maldita‚ÄĚ de Juan Andr√©s Guzm√°n en revista Paula, probablemente fueron los primeros que vieron venir el maremoto. Se lo encontraron cara a cara cuando el SHOA a√ļn monitoreaba instrumentos y la Onemi evaluaba la percepci√≥n Mercalli del sismo. Se hab√≠an despertado diez minutos antes, cuando estaban anclados cinco millas al oeste de Constituci√≥n, y saltaron de sus camarotes porque el barco, de 50 toneladas, comenz√≥ a zarandearse mientras el oc√©ano borbotaba.

Los pescadores comprendieron que era un terremoto. Ibarra se comunic√≥ por celular con su familia que estaba en Constituci√≥n. Mientras trataba de tranquilizar a su mujer, que lloraba en la l√≠nea, la Capitan√≠a de Puerto de la ciudad le consult√≥ por radio si ve√≠a olas en direcci√≥n a la costa. ‚ÄúNegativo‚ÄĚ, inform√≥.

A la misma hora en que Ibarra hablaba con los marinos, el ge√≥logo taiwan√©s naturalizado estadounidense Vindell Hsu, despachaba desde el Pacific Tsunami Warning Center de Hawai (PTWC) un ‚Äúmensaje de observaci√≥n‚ÄĚ con los primeros datos de magnitud y ubicaci√≥n del sismo. En su declaraci√≥n ante la fiscal√≠a -hecha el 15 de diciembre de 2010 en Hawai-, Hsu dijo que enviaron el mensaje cinco o seis minutos despu√©s del temblor:

-Una vez que determinamos la ubicación y las magnitudes, inicialmente obtuvimos un 8,5 (grados Richter), nos dimos cuenta que iba a ser un terremoto con un alto potencial de tsunami.

Hsu tenía razón. Sólo un par de minutos después de que mandó el mensaje que alertaría al SHOA en Valparaíso -y a toda la red de países del Pacífico-, la tripulación del Pinita empalideció al comprobar que la nave era arrastrada mar adentro hasta encarar la ola descomunal. Era un verdadero muro que se extendía en el horizonte hasta donde alcanzaba la vista. El Pinita remontó la ola de costado, pero sólo para encontrarse con otra enorme masa de agua. Ibarra alcanzó a capear la segunda con la proa de frente. Después vino la calma e intentó alertar a la Capitanía de Puerto, pero ya no pudo comunicarse.

Impotente, el capit√°n observ√≥ desde el tim√≥n del Pinita c√≥mo se alejaban las olas rumbo a su ciudad. Su relato posterior ser√≠a la comprobaci√≥n de que el ‚ÄúPlan Accemar‚ÄĚ ten√≠a raz√≥n: no se puede esperar a que los instrumentos detecten la magnitud y ubicaci√≥n de un sismo que ha incubado una marejada destructiva si el objetivo es salvar vidas.

Mientras Ibarra sorteaba las dos olas, el hombre que por ley deb√≠a medir con instrumentos la posible formaci√≥n de un tsunami y dar aviso del peligro, avanzaba en la oscuridad de los pasillos del SHOA, en Valpara√≠so. El teniente primero Mario Andina Medina iba rumbo a la sala del Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM). De acuerdo con el relato que hacen funcionarios que estuvieron esa noche en el SHOA, Andina era el jefe de turno y reci√©n se hab√≠a acostado, tras una √ļltima ronda, cuando el sismo lo oblig√≥ a levantarse y a vestirse con las dificultades que impon√≠a la falta de luz. La sala SNAM contaba con energ√≠a y ya estaban en sus puestos el cabo Daniel Guti√©rrez, el cabo Alejandro N√ļ√Īez y el marinero Sebasti√°n Santib√°√Īez.

Andina comprob√≥ que no ten√≠an a√ļn datos del sismo y orden√≥ a su gente monitorear los instrumentos. Detr√°s de √©l lleg√≥ el cabo Jorge Araya, de especialidad ocean√≥grafo, y lo puso a revisar las pantallas donde se recib√≠an los indicadores de los mare√≥grafos que, apostados a lo largo de todo el litoral, detectan las variaciones del nivel del mar. Pero el terremoto hab√≠a cortado la l√≠nea de fibra √≥ptica que transmite las se√Īales de los mare√≥grafos casi en tiempo real, con s√≥lo dos a cuatro minutos de desfase. Para saber si hab√≠a olas destructivas desplaz√°ndose hacia la costa depend√≠an ahora de un sat√©lite, pero esto los dejaba a ciegas casi por una hora.

El sistema satelital GOES permite a los mare√≥grafos conectarse nada m√°s que una vez por hora. De esta forma, el que est√° en el archipi√©lago de Juan Fern√°ndez s√≥lo transmite al sat√©lite, y desde ah√≠ al SHOA, en el minuto 23 de cada hora. A las 3:23 envi√≥ su √ļltima marca antes del terremoto. Hab√≠a que esperar hasta las 4:23 para que reportara los √≠ndices de los siguientes 60 minutos. A la hora en que se produjo el terremoto, los primeros mare√≥grafos que enviar√≠an sus marcas por el sistema satelital eran los que estaban en los extremos del pa√≠s, los menos √ļtiles en ese momento crucial. Los marinos de la sala SNAM deb√≠an esperar casi una hora para saber qu√© marcaban las estaciones de marea en Valpara√≠so y Talcahuano, las m√°s apremiantes, y cuyos registros llegar√≠an reci√©n a las 04:24 y a las 04:29, respectivamente.

El teniente Andina comprendió que bajo esas circunstancias, desprovisto de las marcas de mareógrafos, sólo los datos de magnitud y ubicación -que llegan al SHOA desde organismos norteamericanos, como el PTWC- serían la clave para su eventual decisión de lanzar la alerta de maremoto, algo que no ocurría desde el terremoto de1985.

03:49 (a 15 minutos del sismo)

En el CAT de la Onemi, el jefe de turno Malfanti y el radioperador López terminaron de ordenar las informaciones de regiones que reportaban percepciones en escala Mercalli. López lanzó los datos por radio a la red de protección civil. Porque se traspapeló producto de la tensión ambiental o derechamente porque alguien lo desestimó, ahí quedó olvidado el urgente reporte de Jorge Henríquez y el registro oficial para la Región del Biobío fue sólo de grado VIII Mercalli.

Las comunicaciones de la Onemi estaban cortadas con las regiones del Maule y Biobío. Eso impidió que el CAT tuviese reportes de avistamiento de olas destructivas en la costa de esas regiones, lo que habría permitido a Malfanti saltarse al SHOA y lanzar la alerta. Pero, tal como estaban las cosas, dependía de las mediciones que hiciera el organismo técnico naval para saber si había riesgo de maremoto.

Entre los receptores que alcanzaron a escuchar el mensaje radial de la Onemi estuvo el SHOA. El teniente Andina escuch√≥ el informe del CAT y analiz√≥ la situaci√≥n. El sismo se hab√≠a percibido en grado VII de Mercalli tanto en Santiago como en la Araucan√≠a. Era un terremoto que cubri√≥ una superficie inusualmente extensa, concluy√≥ el oficial, con una amplia zona de fractura y parte de ella pod√≠a estar bajo el lecho marino. El epicentro, calcul√≥, deb√≠a estar en las regiones del Maule o Biob√≠o. Aquilat√≥ el peso de su responsabilidad al pensar en las instalaciones navales de Talcahuano, donde al d√≠a siguiente estaba programada la botadura del buque cient√≠fico ‚ÄúCabo de Hornos‚ÄĚ y donde pernoctaba la mayor parte del almirantazgo a la espera de esa ceremonia que encabezar√≠a la Presidenta Michelle Bachelet.

En esos minutos entr√≥ al SHOA el mensaje despachado por Hsu desde Hawai. Andina revis√≥ los datos y comprob√≥ que la magnitud era 8,5 Richter, que la fractura se hab√≠a producido a 55 kil√≥metros de profundidad y que las coordenadas del epicentro daban en tierra, al noreste de Concepci√≥n, pero s√≥lo a unos kil√≥metros del borde costero. Con esos datos, seg√ļn se√Īalan funcionarios del SHOA, el teniente consider√≥ que hab√≠a riesgo de tsunami. Prepar√≥ a la dotaci√≥n para lanzar la alerta.

Exactamente a la misma hora en que Andina todav√≠a sacaba c√°lculos, las primeras olas golpearon la costa en San Antonio, Pichilemu y Constituci√≥n, entre las 03:49 y las 03:50. Esa fue la ‚Äúzona de sacrificio‚ÄĚ, aquella que no alcanzar√≠a a ser avisada aunque hubiese funcionado correctamente el sistema de alerta. En Constituci√≥n una marejada oscura y fr√≠a inund√≥ la playa y el agua se adentr√≥ por la ancha desembocadura del Maule cubriendo la Isla Orrego, un banco arenoso de unos 600 metros de largo y 200 de ancho ubicado en medio del r√≠o, donde un centenar de veraneantes acampaba bajo un bosque de eucaliptos.

En la Isla Orrego esa primera ola no entró con fuerza, pero el agua subió con rapidez más de un metro. La gente gritaba por auxilio, entumida y temerosa de una nueva marejada, pero ya nadie vendría a socorrerla.

03:51 (a 17 minutos del sismo)

El teniente Andina ya estaba listo para lanzar la alerta de tsunami por correo electrónico, fax y radio. De acuerdo con los protocolos que rigen al SHOA, el mensaje debía enviarse en primer lugar a la Onemi, para que ésta difundiera la alerta a la red de protección civil, y en segundo término a la red de comunicaciones Genmercalli, que comunica con 70 receptores de diversas instalaciones navales, portuarias, capitanías de puerto y gobernaciones marítimas.

Andina ordenó ingresar los datos de magnitud y ubicación que recibió desde Hawai en el sistema computacional TTT (Tsunami Travel Time) que automáticamente arrojó las posibles horas de arribo de las olas a los puntos relevantes de la costa (Arica, Iquique, Antofagasta, Caldera, Isla de Pascua, Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano, Puerto Montt, Punta Arenas y Puerto Williams). De inmediato mandó incorporar esas horas de arribo a los mensajes navales que se despacharían por la red Genmercalli y a los correos electrónicos que se enviarían a todos los destinatarios que debían ser advertidos, entre ellos la Onemi. A las 03.51 dio orden de difundirlos.

Mientras Hugo Barrera luchaba contra el torrente sucio y frío que lo arrastraba por el río Maule, en Constitución, el funcionario Osvaldo Malfanti le hizo saber al jefe de gabinete de la Onemi, Pedro Salamanca, que el país no estaba bajo riesgo de tsunami.
Debido al corte generalizado de las comunicaciones tras el terremoto, de los 70 destinatarios de la red naval y mar√≠tima Genmercalli, s√≥lo ocho recibieron el mensaje, entre ellos los de Valpara√≠so y San Antonio. Pero en el SHOA quedaron convencidos de que toda la red mar√≠tima hab√≠a recibido la alerta: ‚ÄúNosotros tenemos que recibir una confirmaci√≥n de cada destinatario, pero la persona que ten√≠a que chequear eso recibi√≥ primero las de Valpara√≠so y, en medio del ajetreo, la mandaron a hacer otra cosa. Nos quedamos con la idea de que, si la alerta hab√≠a entrado a Valpara√≠so, la hab√≠an recibido en todas partes‚ÄĚ, cuenta un oficial que estuvo esa madrugada en el SHOA.

Para avisar a la Onemi, el propio Andina tom√≥ la radio y se comunic√≥ con el CAT, despachando, seg√ļn el relato de personal del SHOA, un mensaje corto, simple y comprensible: ‚ÄúAtento Omega Cero (c√≥digo radial de Onemi)‚Ķ Atento Omega Cero de SHOA‚Ķ Alerta de tsunami en curso‚ÄĚ.

En este punto los testimonios del personal del SHOA y de la Onemi entran en una contradicción irreconciliable. Mientras la dotación del SHOA insiste en que Andina transmitió por radio la alerta en forma clara y precisa, en la Onemi aseguran que en esa comunicación se les dijo que el epicentro era en tierra y que eso descartaba el riesgo de tsunami.

Los funcionarios de la Onemi central Johaziel Jamett, Paolo Mar√≠n, Osvaldo Malfanti, Rafael L√≥pez y Helia Vargas, declararon en el sumario interno que escucharon ese mensaje radial del SHOA en que supuestamente se descart√≥ el riesgo de maremoto. El jefe de la Onemi de Valpara√≠so, Guillermo de la Maza, ha dicho que escuch√≥ lo mismo y que el radioperador de su regi√≥n, Juan Pablo N√ļ√Īez, tambi√©n.

Como no hay registro ni grabación de esa comunicación radial, la contradicción difícilmente será aclarada. Un dato relevante en esta controversia es que los especialistas del CAT, a diferencia de los oficiales del SHOA, estaban convencidos de que con un epicentro en tierra era imposible que se generara un maremoto. Y estaban rotundamente equivocados. Tanto los jefes de turno del CAT Osvaldo Malfanti y Paolo Marín Pakarati (quien se integró a colaborar en la emergencia), como el propio jefe del CAT, Johaziel Jamett Paz, confirmaron su error al declarar en el sumario administrativo:

-Para que se genere un tsunami (‚Ķ) el epicentro debe ser en fondo marino -se√Īal√≥ Jamett en el sumario.

Paolo Mar√≠n, en tanto, declar√≥ que ‚Äúlos datos epicentrales (transmitidos por el SHOA) no coincid√≠an con lo que t√©cnicamente se requiere para una probabilidad de tsunami‚ÄĚ. Y Malfanti sostuvo que, luego de que el CAT difundi√≥ por radio las intensidades Mercalli, ‚Äúresponde el SHOA dando el epicentro, indicando que es en tierra y que se descarta alerta de tsunami por ser epicentro en tierra‚ÄĚ.

La misma convicci√≥n ten√≠a Carmen Fern√°ndez quien en una entrevista en marzo de 2010, afirm√≥: ‚ÄúSi el terremoto es en tierra no es posible un tsunami. Eso lo sabemos todos los que trabajamos en esto. Ese dato es clave, y es lo que analiz√≥ el equipo‚ÄĚ.

En el SHOA aseguraron a CIPER que sólo Andina se comunicó con la Onemi para transmitir la alerta y que como ingeniero naval oceanográfico e hidrográfico y jefe (s) del Departamento de Oceanografía del SHOA, el teniente jamás habría cometido el error de desestimar el riesgo de maremoto sólo porque el epicentro se ubicaba en tierra.

Hasta ahora ha sido imposible comprobar si Andina se equivoc√≥ o no. Si lo hizo, el error ser√≠a may√ļsculo porque la dotaci√≥n del Departamento de Oceanograf√≠a del SHOA debe aprenderse y ‚Äúrecitar‚ÄĚ el documento que regula todos los procedimientos de esa unidad naval: la Orden Permanente T√©cnica 801 (OPT 801). Por eso, Andina ten√≠a la obligaci√≥n de saber que la OPT 801 en su ‚ÄúAnexo C‚ÄĚ es taxativa al indicar que para generar un tsunami ‚Äúel epicentro del sismo debe estar ubicado en el mar o en tierra cerca de la costa‚ÄĚ. En el mismo anexo, se establece que una ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ se basa en informaci√≥n que indica, entre otras condiciones, que el epicentro est√° ‚Äúubicado en el mar o en tierra cerca de la costa de Chile‚ÄĚ.

Personal del SHOA relató a CIPER que al recibir la información de magnitud y ubicación del sismo enviada desde Hawai, Andina ordenó georreferenciar las coordenadas y ubicó el epicentro en tierra, al suroeste de Cauquenes, pero a escasos 17 kilómetros de la costa. En un terremoto que se percibió con fuerte intensidad desde Santiago a Temuco y con epicentro cercano al litoral, perfectamente una parte de la fractura geológica podía ubicarse en el lecho marino. Y eso, a lo menos, Andina debía saberlo.

Ninguno de los especialistas de la Onemi que analizaron el fax del SHOA esa madrugada ten√≠a alguna especializaci√≥n en tsunamis. Malfanti es ingeniero forestal y, seg√ļn la informaci√≥n aportada por la Onemi, s√≥lo exhibe dos cursos de capacitaci√≥n en ‚ÄúFormaci√≥n en Protecci√≥n Civil‚ÄĚ, impartidos en 2009. Johaziel Jamett es ge√≥grafo y s√≥lo tiene un curso de especializaci√≥n: ‚ÄúFormulaci√≥n y Evaluaci√≥n de Proyectos‚ÄĚ (2008). Mar√≠n es periodista y s√≥lo ha hecho el curso ‚ÄúFormaci√≥n en Protecci√≥n Civil‚ÄĚ (2009). Carmen Fern√°ndez es periodista y ha hecho nueve cursos: cinco de tipo administrativo y cuatro relacionados con comunicaci√≥n social en materia de desastres o protecci√≥n civil.

De acuerdo con los documentos consultados por CIPER, y con independencia de lo que Andina realmente transmitió a las 03:51 a la Onemi, el personal del SHOA estaba capacitado para comprender que un epicentro en tierra, pero cercano al borde costero, sí puede generar un tsunami. En cambio, entre los funcionarios del CAT de la Onemi existía el convencimiento erróneo de que bastaba que el epicentro fuese en tierra para descartar el riesgo de maremoto.

03:55 (a 21 minutos del sismo)

‚Äú¬°Tata! ¬°Tata! ¬°Viene el mar‚Ķ arranque!‚ÄĚ. Debby Bast√≠as Dom√≠nguez gritaba y golpeaba la puerta de su t√≠o abuelo, Armando del Carmen Dom√≠nguez, mientras el agua le pisaba los talones. La ni√Īa de 12 a√Īos viv√≠a en Caleta Tumbes, pero ese √ļltimo s√°bado de sus vacaciones se hab√≠a quedado a regalonear con su abuela, Mar√≠a del Carmen Dom√≠nguez (60), en la peque√Īa casa de madera donde la mujer viv√≠a sola, en la Caleta Cantera de Talcahuano. El hermano de Mar√≠a, Armando (59), conocido como ‚ÄúChano‚ÄĚ ten√≠a su mediagua al lado.

Debby, Mar√≠a y Armando, salieron disparados cuando comenz√≥ el terremoto y cada cierto rato pon√≠an un ojo en el mar. A la espalda de sus viviendas, a solo diez metros, estaba la orilla. La abuela Mar√≠a se mov√≠a nerviosa. A los 10 a√Īos hab√≠a vivido el terremoto de Valdivia y a√ļn recordaba que entonces el mar hab√≠a subido en Caleta Cantera, pero poquito.

El viejo ‚ÄúChano‚ÄĚ volvi√≥ a encerrarse, ajeno al parloteo nervioso de los vecinos. Entre 15 y 20 minutos despu√©s del sismo, Mar√≠a y su nieta Debby fueron a mirar el mar nuevamente. Frente a la abuela se abri√≥ la imagen que durante 50 a√Īos hab√≠a esperado y temido: el mar subi√≥ dos metros, despacito, y luego se recogi√≥ hasta dejar ver el fondo. Los botes quedaron varados. La mujer calcul√≥ que el agua se hab√≠a retirado unos 50 metros. Pero el oc√©ano recuper√≥ de un zarpazo el terreno que hab√≠a cedido y se les vino encima rugiendo.

En su declaraci√≥n policial, la abuela Mar√≠a dijo que el agua ven√≠a ‚Äúhaciendo ruido, como hirviendo, dando vueltas como un remolino‚ÄĚ. Por segunda vez en la noche sali√≥ a la carrera, pero Debby se le adelant√≥ para alertar a su ‚ÄúTata‚ÄĚ. El ‚ÄúChano‚ÄĚ Dom√≠nguez alcanz√≥ a asomarse a la puerta y su hermana ya no volvi√≥ a verlo hasta que lo encontr√≥ en el Servicio M√©dico Legal.

Cuando la primera ola comenzaba a matar en Talcahuano, Vindell Hsu tom√≥ el tel√©fono y desde Hawai se comunic√≥ con el SHOA. Quer√≠a confirmar que los miembros del organismo t√©cnico chileno hab√≠an recibido su mensaje y si comprend√≠an el riesgo. Le contest√≥ el cabo Araya. En su declaraci√≥n, Hsu dijo que intent√≥ conversar con el chileno, pero que al parecer √©ste no hablaba ingl√©s: ‚ÄúEscuch√© algo que no entend√≠ y no fue ingl√©s‚ÄĚ.

Afortunadamente, hasta las instalaciones del PTWC hab√≠a llegado el geof√≠sico de origen cubano V√≠ctor Sardi√Īa, quien al ver las complicaciones idiom√°ticas de Hsu tom√≥ el tel√©fono y cheque√≥ con Araya, en espa√Īol, si el SHOA hab√≠a recibido el mensaje y si estaba al tanto que la magnitud era de 8,5 grados Richter. El cabo le respondi√≥ que s√≠. ‚ÄúEs una magnitud bastante importante‚ÄĚ, ‚Äúes un terremoto bastante grande‚ÄĚ, le insisti√≥ Sardi√Īa a Araya, con cort√©s sutileza, testeando si en Chile hab√≠an comprendido que era altamente probable que se generara una ola destructiva.

El geof√≠sico le pidi√≥ al cabo que el SHOA comunicara de inmediato al PTWC si ten√≠a informes de avistamiento de una ola. Lo hizo, seg√ļn sostuvo en su declaraci√≥n, porque Chile tiene m√°s de 4 mil millas de costa y s√≥lo una decena de mare√≥grafos repartidos a gran distancia, por lo que a su juicio era posible que una ola tocara tierra antes de que fuese detectada por los instrumentos. En ese caso, dijo, era m√°s urgente observar en terreno que confiar en los mare√≥grafos. El cabo Araya se comprometi√≥ a llamarlo si el SHOA obten√≠a esa informaci√≥n.

Probablemente los primeros efectivos de la Armada que vieron las olas tal como lo requer√≠a Sardi√Īa, fueron los que casi murieron ahogados bajo una de ellas en la Capitan√≠a de Puerto de Constituci√≥n. Los mismos que minutos antes hab√≠an rechazado facilitar su lancha zodiac al pescador Mario Quiroz Leal para rescatar gente en la Isla Orrego.

Quiroz estaba con su familia en la isla y apenas par√≥ el terremoto, con el olfato de su oficio, se convenci√≥ de que vendr√≠a un maremoto y cruz√≥ a nado los 150 metros que lo separaban de la ribera. Iba en busca de un bote para salvar a su mujer, embarazada, y a sus hijos de 8 y 9 a√Īos.

El pescador pidió a los marinos que ayudaran a evacuar la gente de la isla o que al menos le prestaran el zodiac. Le respondieron que no había riesgo de tsunami. Quizás estaban a la espera de la evaluación del SHOA o confiados en el informe negativo que despachó el capitán del Pinita antes de que lo atraparan las olas.

Tras el rechazo de los marinos, Quiroz fue en busca de un bote a la ribera del río cuando la primera subida del agua lo obligó a internarse por las calles de Constitución. Cuando el nivel bajó, sólo alcanzó a comprobar que ya no había botes en la orilla y sobrevino la segunda subida. El agua ahora sí entró con fuerza, arrastrando a decenas de personas en la isla. Quiroz corrió hacia los cerros para salvarse.

A las 03:55, casi al mismo tiempo que el geof√≠sico Sardi√Īa ped√≠a al SHOA que le comunicaran si la Armada ten√≠a informes de avistamiento de olas, los marinos de la Capitan√≠a de Puerto de Constituci√≥n -seg√ļn testimonios citados en ‚ÄúLa ola maldita‚ÄĚ- abandonaron su puesto en una camioneta que pr√°cticamente flotaba empujada por la segunda marejada. Se fueron sin prestar auxilio a los atrapados en el r√≠o. Pedro Mu√Īoz y Osvaldo G√≥mez no eran marinos, no hab√≠an jurado defender ni dar la vida por algo o por alguien, pero bajaron de los cerros cuando escucharon los gritos implorantes de los abandonados en la Isla Canc√ļn, situada detr√°s de la Isla Orrego. Ambos murieron tratando de rescatar gente. La esposa y el hijo mayor del pescador Quiroz tambi√©n figuran en la n√≥mina de los 18 muertos que dej√≥ el maremoto en Isla Orrego. Su hija menor, entre los siete desaparecidos.

Pr√°cticamente en paralelo, a las 03:54, el mar subi√≥ en Talcahuano unos dos metros y minutos despu√©s se retir√≥ hasta que el mare√≥grafo marc√≥ ‚Äúcero‚ÄĚ. Tendr√≠a que pasar una media hora para que el sat√©lite se lo revelara al SHOA. Debby Bast√≠as y su abuela Mar√≠a del Carmen, ya estaban enteradas y corr√≠an para salvarse.

04:07 (a 33 minutos del sismo)

Debby y María del Carmen no pararon de correr y escalar hasta subir por completo el cerro que se levanta a espaldas de la caleta. Desde ahí, junto a otros vecinos, miraron las olas que seguían entrando a Caleta Cantera, Caleta Candelaria y Puerto Inglés. Era un maremoto, pero no tenían cómo dar aviso.

El teniente Andina s√≠ estaba comunicado, al menos con la Onemi y la Primera Zona Naval de Valpara√≠so. Por eso resulta extra√Īo que nadie le haya informado desde el principal puerto del pa√≠s que a las 04:01 el nivel del mar comenz√≥ a subir hasta alcanzar una ‚Äúamplitud de onda cercana a 1,5 mts‚ÄĚ, como qued√≥ registrado en la posterior ‚ÄúInvestigaci√≥n T√©cnica‚ÄĚ de la Armada, firmada por el vicealmirante Enrique Larra√Īaga, director general del Territorio Mar√≠timo y Marina Mercante.

Despu√©s de la controversial transmisi√≥n radial de Andina a las 03:51, Onemi le hab√≠a pedido al SHOA que confirmara a trav√©s de un fax lo que hab√≠a informado verbalmente el teniente. Seg√ļn la versi√≥n de los funcionarios del CAT, pidieron que el SHOA confirmara por escrito que no habr√≠a tsunami. A la inversa, seg√ļn la dotaci√≥n del SHOA, les solicitaron que confirmaran que el pa√≠s estaba bajo una alerta de maremoto.

Andina orden√≥ confeccionar el fax con el encabezado ‚ÄúAlerta de tsunami‚ÄĚ y dispuso que se incluyeran en el mensaje las horas estimadas para el arribo de las olas a 11 puntos de la costa. La transmisi√≥n se inici√≥ desde la Oficina de Distribuci√≥n de Mensajes (ODM) del SHOA cerca de las 03:55. Los problemas con la l√≠nea telef√≥nica dificultaron la operaci√≥n y luego de cinco o seis intentos, reci√©n a las 04.07, se complet√≥ el despacho del fax.

En el CAT la copia del fax fue timbrada fijando la recepción a las 04:08. El documento llegó a las manos del jefe de turno Malfanti, quien estimó que sólo se trataba de un aviso de alistamiento y vigilancia ante la posibilidad de que se generara un tsunami, pues entendió que el SHOA avisaría si efectivamente había olas avanzando hacia la costa. Por eso, erróneamente, descartó difundir la alerta.

En su declaración en el sumario interno de la Onemi, Malfanti explicó por qué hizo esa evaluación:

Entre los funcionarios del CAT de la Onemi existía el convencimiento erróneo de que bastaba que el epicentro fuese en tierra para descartar el riesgo de maremoto.
-Respecto del primer fax, el contenido no es claro. La magnitud (del sismo) no es suficiente para informar sobre la ocurrencia de un tsunami o no. Para mí, una información clara del SHOA debió haber contenido datos sobre anomalías a nivel del mar, con información de oceanógrafos. Sumado a esto, por radio se descartaba la alerta de tsunami.

Malfanti se equivoc√≥. El fax despachado por Andina en su forma y contenido cumpl√≠a con todos los requisitos establecidos en la Orden Permanente T√©cnica 801 (OPT 801) del SHOA para emitir una ‚ÄúAlerta de Tsunami‚ÄĚ. Y, obligada por ley, la Onemi debi√≥ informar al pa√≠s que estaba bajo riesgo de maremoto y que las zonas costeras deb√≠an ser evacuadas.

En la p√°gina 12 del ‚ÄúAnexo D‚ÄĚ de la OPT 801, en su versi√≥n actualizada en 2009, se aprecia el formato y contenido que debe tener lo que se denomina ‚ÄúMensaje de alerta de tsunami con los tiempos de arribo de la primera onda‚ÄĚ. Y es id√©ntico al que lleg√≥ a las manos de Malfanti en la madrugada del 27/F. (Vea y compare el fax enviado por el SHOA a Onemi y el formato de fax establecido en la OPT 801)

En concordancia con lo estipulado en la OPT 801, el fax que despach√≥ Andina se√Īala en su mensaje: ‚Äú(El sismo) fue de magnitud suficiente para generar un tsunami. Se desconoce a√ļn si se ha producido. Si se diera la posibilidad de ocurrencia, situaci√≥n que ser√≠a informada oportunamente, las horas estimadas de arribo ser√≠an las siguientes (agrega las horas para 11 puntos desde Arica a Puerto Willliams)‚ÄĚ.

La redacci√≥n del mensaje suena ambigua, especialmente la frase ‚Äúsi se diera la posibilidad de ocurrencia, situaci√≥n que ser√≠a informada oportunamente‚ÄĚ. Eso podr√≠a llamar a equ√≠voco a un lector com√ļn y corriente, pero en ning√ļn caso al jefe de turno del CAT, porque el personal especializado de la Onemi debi√≥ haber estado capacitado y familiarizado con la OPT 801 del SHOA para comprender que ese mensaje era efectivamente una alerta de maremoto y que no se deb√≠a analizar su contenido de manera cr√≠tica, sino operar de forma autom√°tica para difundir la alerta.

Pero en la Onemi no estaban ni capacitados ni familiarizados con lo que les deb√≠a llegar desde el SHOA en caso de alerta. Aunque parezca incre√≠ble, en el sumario interno Malfanti declar√≥: ‚ÄúSobre el formato del fax, no s√© si hay un formato establecido entre el SHOA y la Onemi para una alerta de tsunami‚ÄĚ.

El jefe del CAT, Johaziel Jamett, dijo en el mismo sumario: ‚ÄúQuiero destacar que el fax del SHOA, en caso de ser una alerta, no corresponde a los formatos establecidos por el SHOA al interior de sus procesos‚ÄĚ.

Otro jefe de turno del CAT, Paolo Mar√≠n, declar√≥: ‚Äú(Con) la redacci√≥n del texto del fax de las 04:07 no se contaba con la informaci√≥n necesaria para declarar una alerta de tsunami‚ÄĚ.

A√ļn si fuese cierta la versi√≥n de los funcionarios de la Onemi acerca de que el teniente Andina les inform√≥ por radio a las 03:51 que no habr√≠a maremoto, al recibir el fax Malfanti debi√≥ reconocer de inmediato el documento como una ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ y tendr√≠a que haber solicitado al SHOA que aclarara la situaci√≥n. Ese era el curso regular ante una duda en medio de la emergencia, seg√ļn la declaraci√≥n de Carmen Fern√°ndez a la fiscal√≠a:
-En el caso de existir duda, en forma inmediata se debe solicitar al SHOA la aclaración, por la inmediatez del riesgo que implica un tsunami. Luego de hacer las aclaraciones se procede a difundir. En el caso de que no existan dudas, se emite inmediatamente la alerta.

Pero Malfanti no pidió explicaciones, porque -tal como lo reconoció en el sumario- sencillamente no sabía qué le tenía que llegar desde el SHOA y cuando leyó el fax no comprendió que era una alerta de maremoto que lo obligaba a su difusión inmediata. Minutos después, su jefe, Johaziel Jamett, al llegar a la Onemi revisaría lo obrado por su subalterno y no enmendaría el error.

04:15 (a 41 minutos del sismo)

Apenas Malfanti descartó difundir la alerta, una segunda ola atacó en Pichilemu y una tercera, mucho más feroz que las anteriores, acrecentó el infierno en Constitución. Hugo Barrera fue uno de los que quedó atrapado en Isla Orrego y tras la segunda subida se sumó a los que se encaramaron a los eucaliptos para ponerse a salvo.

Aquellos que estaban con ni√Īos no pudieron subir a los √°rboles. Su destino depend√≠a de que las marejadas hubiesen cesado. Como improvisado vig√≠a, Barrera fue uno de los primeros que supo que la suerte estaba echada para quienes se quedaron en el suelo junto a sus hijos. Vio la tercera onda asesina apenas naci√≥ en el horizonte. Iluminada por la luna, parec√≠a una espada plateada que avanzaba destellante. Seg√ļn el relato de la ‚ÄúLa ola maldita‚ÄĚ la vio convertirse en ‚Äúuna masa caf√©, furiosa, veloz‚ÄĚ que cuando ‚Äútoc√≥ la isla empez√≥ a hacer un ruido ensordecedor, un ‚Äėpac, pac, pac‚Äô siniestro e imparable que era provocado por cientos de √°rboles partidos como f√≥sforos o arrancados de ra√≠z‚ÄĚ.

La ola botó a Barrera y lo entregó a los remolinos que tragaban gente, árboles y hasta las casas de la ribera. Cuando amaneció, sólo seis de los que habían trepado a los eucaliptos seguían encaramados.

Cuando Barrera luchaba contra el torrente sucio y frío que lo arrastraba y sumergía entre troncos, carpas, botes y gritos de espanto, Malfanti le hizo saber al jefe de gabinete de la Onemi, Pedro Salamanca, que el país no estaba bajo riesgo de tsunami. Salamanca había llegado recién hasta el CAT y él le comunicó al entonces subsecretario del Interior, Patricio Rosende, la primera autoridad política que se apersonó en la Onemi a eso de las 04:15, que el SHOA había descartado el riesgo de maremoto.

Detrás de Rosende llegó el jefe del CAT, Johaziel Jamett, a quien le reportaron que el SHOA había desestimado el maremoto porque el epicentro fue en tierra. Jamett pidió georreferenciar los datos del epicentro y lo ubicó en un punto entre Concepción y Cauquenes, al interior de la costa. Malfanti, Salamanca, Jamett y Rosende releyeron el fax y lo consideraron confuso, ambiguo.

Los especialistas de la Onemi interpretaron el fax como una alerta que s√≥lo requer√≠a alistar recursos por si efectivamente se produc√≠a el maremoto, pero no suficiente para avisar a la poblaci√≥n. La confusi√≥n se origin√≥, seg√ļn las declaraciones registradas en el sumario interno, porque para todas las emergencias que tienen un desarrollo evaluable en el tiempo -como las volc√°nicas o los incendios forestales-, la Onemi trabaja con una ‚Äúalerta amarilla‚ÄĚ, de vigilancia, que puede pasar a ‚Äúalerta roja‚ÄĚ. Pero en el SHOA no existen alertas amarillas ni rojas, s√≥lo ‚ÄúAlerta de tsunami‚ÄĚ y ‚ÄúAlarma de tsunami‚ÄĚ. Y ninguna de las dos es de ‚Äúvigilancia‚ÄĚ o ‚Äúalistamiento‚ÄĚ, ambas tienen el mismo efecto: evacuar la costa y ordenar el zarpe de las embarcaciones hacia alta mar.

Seg√ļn declar√≥ Malfanti, el fax tendr√≠a que haber contenido ‚Äúdatos sobre anomal√≠as a nivel del mar, con informaci√≥n de ocean√≥grafos‚ÄĚ para haber puesto sobre aviso a la poblaci√≥n. Eso s√≥lo reafirma que el jefe de turno del CAT sencillamente no ten√≠a idea qu√© era y qu√© deb√≠a decir una ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ. La OPT 801 del SHOA establece de manera inequ√≠voca que una alerta es un aviso temprano basado s√≥lo en informaci√≥n s√≠smica -magnitud, epicentro y profundidad de la fractura- que indica el riesgo inminente de oleaje destructivo. No era necesario que hubiese datos de alteraci√≥n del nivel del mar, como los que esperaba Malfanti, para difundir la alerta.

En los protocolos del SHOA, una ‚ÄúAlerta de tsunami‚ÄĚ puede cambiar a ‚ÄúAlarma de tsunami‚ÄĚ cuando a la informaci√≥n s√≠smica se suma la ratificaci√≥n -de un mare√≥grafo o por comprobaci√≥n visual- de que ya se ha formado una ola destructiva. Para ambos casos la respuesta debe ser la misma: evacuaci√≥n, zarpe y aseguramiento de las instalaciones navales y mar√≠timas.

El entonces director del SHOA, comandante Mariano Rojas Bustos, hoy en retiro, explic√≥ ante la comisi√≥n investigadora de la C√°mara de Diputados: ‚ÄúEn cuanto a alerta y alarma, la verdad es que para efectos pr√°cticos no hay ninguna diferencia. Pues en ambos casos se debe evacuar a la gente hacia zonas seguras. La alarma da una posibilidad mayor -no certeza- de ocurrencia de un tsunami‚ÄĚ.

Desconocedores de los protocolos del SHOA, los especialistas de la Onemi estimaron que la ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ que lleg√≥ por fax era similar a la ‚Äúalerta amarilla‚ÄĚ. En su declaraci√≥n, Jamett, dej√≥ en evidencia que cayeron en esa confusi√≥n:

-Existen dos sistemas, uno es la alerta y otro es la alarma. El primero es un llamado de atenci√≥n (‚Ķ) lo que el SHOA debi√≥ emitir si hubiese tenido la seguridad de que se producir√≠a un maremoto debi√≥ ser una alarma y no una alerta. El documento que nos llega del SHOA (el fax) tampoco es suficientemente claro para se√Īalar que corresponde a una alerta de tsunami. Si hubiese sido as√≠, la alerta corresponder√≠a en el sistema nacional de protecci√≥n civil a una alerta amarilla, que significa alistamiento de recursos.

En la misma investigaci√≥n interna, Paolo Mar√≠n incurri√≥ en id√©ntico error: ‚Äú(En el fax) faltaba una confirmaci√≥n instrumental de que el tsunami iba a ocurrir‚ÄĚ.

De los testimonios y centenares de documentos revisados por CIPER surgi√≥ una prueba de que los funcionarios del CAT confundieron la ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ que les envi√≥ el SHOA, con una ‚Äúalerta amarilla‚ÄĚ: al contrario de lo que hizo la Onemi, la Gobernaci√≥n Mar√≠tima de San Antonio, que alcanz√≥ a recibir el mismo mensaje de alerta del SHOA por la red Genmercalli, s√≠ calibr√≥ de manera correcta la informaci√≥n y actu√≥ conforme a los protocolos, ordenando el zarpe de las embarcaciones.

Por lo dem√°s, el Plan Nacional de Emergencia, la norma que regula los procedimientos de la Onemi, no deja duda respecto de que una ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ despachada por el SHOA deb√≠a ser difundida y que no era necesario esperar que el aviso fuera de ‚Äúalarma‚ÄĚ. En el Cap√≠tulo IV de ese documento, se indica que es atribuci√≥n de la Armada ‚Äúa trav√©s del SHOA, emitir condiciones de Alerta de Tsunami a la Direcci√≥n del Territorio Mar√≠timo y solicitar a Onemi la difusi√≥n inmediata de la alerta al Sistema de Nacional de Protecci√≥n Civil‚ÄĚ.
La auditor√≠a que se realiz√≥ en Onemi en mayo de 2010 y que revis√≥ los procedimientos adoptados frente al terremoto, determin√≥ que el fax de la Armada era efectivamente una ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ que cumpl√≠a con los est√°ndares de la OPT 801 del SHOA y que el jefe del CAT debi√≥ difundirla de manera inmediata:

-Se pudo detectar que el CAT no declara ni difunde alerta de tsunami recepcionada por medio de registro fax a las 4:07 AM de parte del agente t√©cnico SHOA -se√Īala, en su p√°gina 5, el informe ejecutivo de la auditor√≠a.

Quienes estaban esa madrugada en el CAT dicen que tras leer el fax y ubicar el epicentro en un mapa, Jamett pidió que llamaran por radio al SHOA para aclarar la situación y todos -incluyendo al subsecretario Rosende- escucharon a los marinos cuando respondieron que no habría tsunami por epicentro en tierra. En el SHOA niegan que eso haya ocurrido.

En su declaraci√≥n ante la fiscal√≠a, Carmen Fern√°ndez se√Īal√≥ que aproximadamente entre las 04:15 y las 04:35 viaj√≥ en el auto del servicio, conducido por el chofer Manuel Bravo, desde su domicilio hasta la Onemi. En todo el trayecto, dijo, estuvo atenta a las comunicaciones por radio que entraban y sal√≠an de Onemi y no escuch√≥ que desde el CAT se pidiera alguna aclaraci√≥n al SHOA o que esa unidad naval descartara el riesgo de tsunami.

04:41 (a una hora y siete minutos del sismo)

Alrededor de diez minutos despu√©s de que una ola destruyera la mitad del pueblito de Bah√≠a Cumberland en el archipi√©lago de Juan Fern√°ndez, el director del SHOA, comandante Mariano Rojas Bustos, pregunt√≥ en voz alta desde el centro de la sala SNAM: ‚Äú¬ŅC√≥mo estamos para cancelar?‚ÄĚ. Rojas interpret√≥ el silencio del teniente Mario Andina y del capit√°n de corbeta Andr√©s Enr√≠quez Olavarr√≠a como aprobaci√≥n. As√≠, dio la orden de que se cancelara formalmente la ‚Äúalerta de tsunami‚ÄĚ que Andina hab√≠a difundido 50 minutos antes y confirmado por fax, a petici√≥n de la Onemi, 34 minutos atr√°s.

Rojas puso la cancelación en curso. Se avisó por radio a Onemi a las 04:56 y se despacharon los mensajes a la red Genmercalli a las 05:10. Con ello comenzó a gestarse uno de los episodios más bochornosos en la historia de la Armada de Chile. Hasta ese minuto no había documento que acreditara una falla del SHOA. Pero cuando Rojas dispuso cancelar la alerta, dejó comprometido al organismo técnico naval en la muerte de a lo menos 32 personas que fallecieron en Talcahuano y Dichato arrastrados por olas que llegaron más de una hora después de su decisión.

La orden del comandante naval dejó en evidencia, además, que el SHOA nunca supo que hasta ese minuto las víctimas del maremoto ya sumaban más de cien. Y lo peor, es que, la unidad especializada de la Armada sólo cerca del mediodía se vino a enterar de que el desastre era uno de los mayores en la historia de Chile.

A la misma hora en que Rojas tomaba su fatal decisi√≥n, Carmen Fern√°ndez llegaba a la Onemi. Johaziel Jamett le inform√≥ las novedades y dentro de los papeles que revisaron apareci√≥ el fax del SHOA de las 04:08. En su declaraci√≥n, Fern√°ndez dijo que lo primero que ley√≥ fue el encabezado: ‚ÄúAlerta de tsunami‚ÄĚ. A diferencia de sus subalternos, sopes√≥ con mejor c√°lculo el tenor del documento. Le dijo al subsecretario Rosende que quiz√°s habr√≠a que evacuar. En ese momento, el subsecretario, Jamett y ella, escucharon por radio una comunicaci√≥n del SHOA: ‚ÄúDescartada probabilidad de tsunami‚ÄĚ. La orden del comandante Mariano Rojas se hab√≠a cumplido.

-Un problema menos -dijo Carmen Fern√°ndez.

La ocean√≥grafa de servicio esa madrugada en el SHOA, Cecilia Zelaya, le inform√≥ a Enr√≠quez que su interpretaci√≥n de los mare√≥grafos era distinta a la que hab√≠an hecho los oficiales del SHOA para cancelar la alerta. A su juicio, el gr√°fico del mare√≥grafo de Talcahuano era la comprobaci√≥n instrumental requerida para elevar el estatus de ‚Äúalerta‚ÄĚ a ‚Äúalarma‚ÄĚ. Pero Enr√≠quez desestim√≥ la apreciaci√≥n de la ocean√≥grafa civil.
Apenas cinco minutos despu√©s de que el SHOA cancel√≥ la alerta una nueva ola entr√≥ a Constituci√≥n. Cuando esa marejada remont√≥ el Maule, volvi√≥ a arrastrar por el fondo barroso del r√≠o al estudiante Cristofer Espinoza, que sobreviv√≠a desde la segunda subida del agua aferrado a un tronco. Su familia estaba acampando en el Islote Canc√ļn, ubicado dos kil√≥metros r√≠o arriba de la Isla Orrego, cuando fue arrasada por la crecida.

Cristofer conversaba a gritos con su tía Mirza y su prima Carla. Ambas también flotaban a merced del agua y él les daba ánimo. Ya llevaban casi una hora aguantando los torrentes que entraban y salían por la boca del Maule, cuando los castigó la ola que azotó al balneario apenas minutos después que el SHOA determinó oficialmente que Chile ya no estaba bajo riesgo de maremoto. Tan feroz como la anterior, la masa de agua lanzó a Mirza y Carla contra un lanchón varado. La joven se encaramó al falucho, pero su madre, vencida por la hipotermia, no pudo seguirla. Ahí se quedó Mirza, agarrada de una cuerda, hasta que comenzó aclarar y una nueva ola la arrastró a la orilla.

¬ŅPor qu√© el SHOA determin√≥ cancelar la alerta cuando las marejadas segu√≠an ensa√Ī√°ndose con la costa? Al igual que el pescador Jos√© del Carmen Tapia, que hab√≠a fallecido en Caleta Tumbes cuando se devolvi√≥ a buscar su inhalador, el teniente Mario Andina estaba equivocadamente convencido de que la primera ola de un maremoto era la m√°s destructiva. Cuando comenzaron a arribar desde el sat√©lite las marcas de marea de Juan Fern√°ndez (a las 04:23), de Valpara√≠so (04:24) y Talcahuano (04:29), el cabo ocean√≥grafo Jorge Araya convirti√≥ los datos en gr√°ficos y Andina los interpret√≥ mal. A su juicio, los niveles del mar s√≥lo hab√≠an subido levemente y comenzaban a normalizarse. La primera ola, pens√≥ Andina, no hab√≠a sido letal: el riesgo se esfumaba.

El comandante Rojas había llegado a la sala SNAM a las 04:19. Andina y el subdirector del SHOA, capitán de fragata Juan Carlos Cuneo, le transmitieron las novedades. Rojas estimó que Andina había actuado correctamente al despachar la alerta con los datos sísmicos que tuvo a la mano, pero le preocupaba que los mareógrafos comprobaran si efectivamente se había producido una alteración en las mareas que justificara mantener la medida. Tenía en la retina que en 2005 en Talcahuano habían fallecido dos personas por una falsa alarma de tsunami y no quería que el SHOA fuese responsable de una evacuación masiva innecesaria.

Uno de los miembros del SHOA que estuvo esa madrugada en la sala SNAM, dijo a CIPER que hasta ese momento estaban convencidos de que el mensaje de la alerta hab√≠a llegado a los 70 receptores de la red Genmercalli y que la Onemi ya lo hab√≠a difundido a la poblaci√≥n civil: ‚ÄúNosotros pens√°bamos que se estaba evacuando la costa y quer√≠amos comprobar si realmente hab√≠a un tsunami, para no someter a la gente a una situaci√≥n de p√°nico sin raz√≥n‚ÄĚ.

Mientras Cuneo se dedicó a las tareas logísticas, Rojas discutió los temas técnicos con Andina y el capitán de corbeta Andrés Enríquez. El comandante Rojas no era un experto en oceanografía, por lo que requería la asistencia de Andina, Enríquez y de la oceanógrafa de servicio, Cecilia Zelaya. Para todos los presentes en la sala SNAM, el oficial que asesoró directamente a Rojas fue Enríquez. El capitán era considerado por sus subalternos como el que más sabía después de la civil Zelaya, pero ella llegó al SHOA cuando ya habían cancelado la alerta.

El capit√°n Enr√≠quez hab√≠a sido jefe del Departamento de Oceanograf√≠a del SHOA hasta el 31 de enero de 2010, s√≥lo semanas antes del terremoto. Por eso Rojas lo consider√≥ su asesor m√°s importante esa madrugada, aunque la jefatura (s) del Departamento de Oceanograf√≠a formalmente la ten√≠a Andina. Fruto del error que cometieron esa madrugada, Rojas pas√≥ a retiro y Andina recibi√≥ una amonestaci√≥n ‚Äúgrav√≠sima‚ÄĚ, pero Enr√≠quez salv√≥ con la hoja de vida intacta y fue ascendido a capit√°n de Fragata en enero de 2011.

En su presentación ante la comisión investigadora de la Cámara de Diputados, el comandante (r) Rojas indicó claramente que su decisión de cancelar fue adoptada con la asesoría de los oficiales expertos en oceanografía:

-Había una tendencia al descenso. (En los gráficos) se veía una ola mayor y, posteriormente, una menor; era muy variable. Hay un acuerdo de todo el equipo técnico, de gente muy profesional del SHOA. Quiero ser bien claro en esto. Yo tomé la decisión; yo soy el jefe. Sin embargo, con los asesores oceanógrafos existía esta misma percepción.
En la madrugada del 27/F el teniente Andina estimó que el conducto regular era comentar sus apreciaciones primero con el capitán Enríquez, por lo que le transmitió la lectura que había hecho de los gráficos de mareas. Personal de la sala SNAM ha dicho que Andina y Enríquez concordaron en que el reporte de Juan Fernández era de un alza de marea de sólo 18 centímetros y que si bien el de Talcahuano marcaba una subida significativa (cerca de 1,8 a 2 metros), superaba sólo por centímetros el nivel de la marea alta normal. Luego, interpretaron que las curvas tendían a la baja, por lo que consideraron que el peligro había pasado.

Enr√≠quez le report√≥ a Rojas las apreciaciones que hab√≠a intercambiado con Andina. Revisaron los gr√°ficos y al cabo de unos minutos el comandante pregunt√≥: ‚Äú¬ŅC√≥mo estamos para cancelar?‚ÄĚ.

05:10 (a una hora y 36 minutos del sismo)

La jefa de la Secci√≥n Tsunami del SHOA y ocean√≥grafa de servicio, Cecilia Zelaya, estaba recopilando en una carpeta todos los documentos de la sala SNAM emitidos y recibidos desde que ocurri√≥ el terremoto. S√≥lo entonces se percat√≥ de que entre los papeles figuraba la cancelaci√≥n. Hasta ese momento estaba segura de que la alerta segu√≠a en pie. Era la √ļnica persona con formaci√≥n universitaria en oceanograf√≠a, adem√°s de cursos sobre tsunamis, que a esa hora estaba en el SHOA y nadie le hab√≠a dicho que el estatus hab√≠a cambiado.

La ocean√≥grafa le pregunt√≥ al capit√°n Enr√≠quez por qu√© se hab√≠a descartado el riesgo. El oficial le dijo que los mare√≥grafos indicaban que el nivel del mar tend√≠a a normalizarse. Zelaya lo encontr√≥ raro, dada la inusual magnitud del sismo. Adem√°s, ella s√≠ sab√≠a que pueden pasar varias horas entre una onda y otra y que las √ļltimas pueden ser peores que las iniciales. Entonces fue a mirar los gr√°ficos de los mare√≥grafos. Cuando los tuvo al frente, la cara le cambi√≥.

Zelaya hab√≠a llegado al SHOA alrededor de las 05:00. Se demor√≥ porque antes de dejar su casa comprob√≥ por Internet el reporte del PTWC, se cercior√≥ por tel√©fono de que hubiese llegado a la sala SNAM y, aunque la respuesta del cabo Araya fue positiva, de igual modo lo mand√≥ por correo a la oficina. Adem√°s, supo que Andina ya hab√≠a emitido la alerta y a la luz de los datos s√≠smicos que hab√≠an llegado desde Hawai, concord√≥ en que hab√≠a actuado con acierto. Tambi√©n tard√≥ en salir porque junt√≥ agua en la tina, por si se cortaba el abastecimiento, y porque tuvo que preparar a su hijo peque√Īo para llevarlo al SHOA, pues no ten√≠a con quien dejarlo. Adem√°s, viv√≠a en las afueras de Valpara√≠so, en Curauma, y condujo su auto con m√°xima precauci√≥n.

Miembros de la dotaci√≥n del SHOA dijeron a CIPER que al mirar los gr√°ficos de los mare√≥grafos, Zelaya se dio cuenta de que las curvas describ√≠an un alza y una disminuci√≥n abrupta en Talcahuano, indicativo de que se estaba gestando un ‚Äúefecto de resonancia‚ÄĚ. En palabras simples, a diferencia de Andina y Enr√≠quez, la ocean√≥grafa ley√≥ que la marca del mare√≥grafo de la principal base naval del pa√≠s revelaba que hab√≠a llegado hasta la costa una primera onda sin gran violencia, pero que hab√≠a un alto riesgo de que a continuaci√≥n arribaran olas destructivas.

CIPER le mostró estos mismos gráficos a otros oceanógrafos expertos en tsunamis, los que al sólo dar una mirada concluyeron lo mismo que Cecilia Zelaya.

La ocean√≥grafa de servicio esa madrugada en el SHOA, le inform√≥ a Enr√≠quez que su interpretaci√≥n de los mare√≥grafos era distinta. A su juicio, el gr√°fico de Talcahuano era la comprobaci√≥n instrumental requerida para elevar el estatus de ‚Äúalerta‚ÄĚ a ‚Äúalarma‚ÄĚ. Pero Enr√≠quez desestim√≥ la apreciaci√≥n de la ocean√≥grafa.

Zelaya, seg√ļn indican integrantes del SHOA, nunca le dijo directamente al comandante Mariano Rojas que estaba en desacuerdo con las apreciaciones de Andina y Enr√≠quez. La ocean√≥grafa ha dicho que deb√≠a respetar la cadena de mando usando el conducto regular, por lo que ten√≠a que asesorar al oficial que estaba asistiendo t√©cnicamente a Rojas: el capit√°n Andr√©s Enr√≠quez.

A sus cercanos y ya en retiro, el comandante Rojas ha dicho que Enr√≠quez nunca le inform√≥ las apreciaciones de la ocean√≥grafa de servicio y que no le consta que ella haya hecho esa lectura de los gr√°ficos durante esa madrugada. Seg√ļn sus ex subalternos, Rojas era un comandante de buen trato y de f√°cil acceso, por lo que no comprenden que Zelaya no le haya informado directamente sus observaciones.

La interpretaci√≥n que Zelaya dio a los gr√°ficos es correcta. Cuando la fiscal√≠a exhibi√≥ esos documentos a los especialistas del PTWC en Hawai, √©stos no dudaron un segundo en que eran indicativos de que un tsunami estaba en curso. De hecho, a las 04:45 del 27/F, justo cuando el comandante Rojas estaba desactivando la alerta, el PTWC emiti√≥ su segundo bolet√≠n tras el terremoto. En ese documento despach√≥ un ‚Äúwarning‚ÄĚ de tsunami para Chile y Per√ļ.

El organismo de Hawai había recibido desde el satélite, al mismo tiempo que el SHOA, las marcas de los mareógrafos de Talcahuano y Valparaíso. Y a diferencia de la interpretación hecha por el teniente Andina y el capitán Enríquez, los geofísicos del PTWC sí estimaron que era una comprobación instrumental de que se había producido un maremoto:

-Las lecturas del nivel del mar indican que se ha generado un tsunami. Es posible que haya sido destructivo en las costas cercanas al epicentro (…). Las autoridades deberían tomar medidas idóneas en respuesta a esta posibilidad -se lee en ese segundo boletín del PTWC.

La ‚ÄúInvestigaci√≥n T√©cnica‚ÄĚ de la Armada que recomend√≥ el retiro del comandante Rojas y la amonestaci√≥n grav√≠sima al teniente Andina, dirigida por el vicealmirante Larra√Īaga, se√Īal√≥ que la cancelaci√≥n de la alerta hab√≠a sido incorrecta porque no tom√≥ en cuenta el segundo bolet√≠n del PTWC ni la lectura del Sistema Tremors. Este √ļltimo mide la liberaci√≥n de energ√≠a de un sismo cercano a la costa de Chile y en este caso su reporte exced√≠a largamente el umbral necesario para generar un tsunami. Aunque el resultado del Sistema Tremors estuvo disponible desde las 04:10, no fue considerado en las deliberaciones de los oficiales del SHOA.

Lo extra√Īo es que el informe del vicealmirante Enrique Larra√Īaga no consign√≥ las declaraciones de la ocean√≥grafa Cecilia Zelaya respecto de que su asesor√≠a fue deso√≠da por el capit√°n Andr√©s Enr√≠quez. Personal del SHOA dice que todas las entrevistas hechas por Larra√Īaga a quienes trabajaron esa madrugada fueron grabadas y que Zelaya le detall√≥ lo que hab√≠a informado a Enr√≠quez.

05:17 (a una hora y 42 minutos del sismo)

El tráfico de las comunicaciones radiales de la Onemi pudo ser grabado a partir de las 05:07. El Laboratorio de Criminalística de la PDI reconstruyó y analizó ese registro, detectando que a las 05:17 la Onemi consultó al SHOA por anomalías en el nivel del mar en Juan Fernández. En la bitácora del SHOA quedó por escrito que a las 05:18 Onemi les comunicó que Carabineros había alertado sobre variaciones de marea en el archipiélago.

Este registro confirma que reci√©n 47 minutos despu√©s de que una ola entrara devastando Juan Fern√°ndez, la Onemi y el SHOA tuvieron la primera se√Īal de que algo pasaba en el archipi√©lago. Entre las 04:20 y las 04:30, una ola hab√≠a destruido gran parte del pueblo de Bah√≠a Cumberland en la isla Robinson Crusoe, pero a las 05:18 el SHOA inform√≥ a Onemi que en Juan Fern√°ndez s√≥lo hab√≠a una variaci√≥n an√≥mala de 20 cent√≠metros en el nivel del mar.

-Estoy ampliando la información que solicitaron ustedes con respecto a la variación de marea de Juan Fernández (…). La variación anómala sería de 20 centímetros -dijo a esa hora, por radio, una voz identificada posteriormente como la del teniente Andina.

El cabo Claudio C√°rcamo estaba de guardia en la capitan√≠a de puerto de la isla Robinson Crusoe cuando la ola que el SHOA calcul√≥ en 20 cent√≠metros entr√≥ destrozando el pueblo. C√°rcamo asegur√≥ a CIPER que esa madrugada intent√≥ comunicarse con el continente en numerosas ocasiones, por lo que pidi√≥ a un colega que le ayudara con el radio. Cuando su compa√Īero se retir√≥, al pasar por el muelle vio venir la primera subida y trat√≥ de avisarle a C√°rcamo, pero no alcanz√≥.

La segunda ola sorprendi√≥ al cabo en la sala de radio. La vio encima, relat√≥, ‚Äúcuando ven√≠a reventando en el muelle y pasando por los postes de luz‚ÄĚ. C√°rcamo dice que estaba lejos del bot√≥n de p√°nico que deb√≠a usar en caso de emergencia y reconoce que no pudo cumplir con su obligaci√≥n de activar esa alarma para dar aviso a la poblaci√≥n. Pero asegura que no fue por miedo, sino porque el agua se lo impidi√≥:

-Efectivamente, no activ√© la alarma. Pero no porque no quer√≠a. Estaba en la sala de radio, llamando a Valpara√≠so. A lo √ļnico que atin√© fue a correr hacia atr√°s y avisar al capit√°n de puerto. √Čl hab√≠a llegado con su familia hac√≠a como cuatro d√≠as a la zona y no ten√≠a idea lo que pasaba. Cuando quise devolverme, en cosa de segundos el agua me arrastr√≥ al patio. Ya no hab√≠a vuelta atr√°s. Yo trat√© de salir por un cerco, pero no pude y al final el agua me golpe√≥ ah√≠. Esa segunda ola se llev√≥ la capitan√≠a de puerto inmediatamente. Era imposible volver y no alcanc√© a tocar la alarma.

Aunque en la bitácora del SHOA quedó estampado que fue Carabineros el que alertó a la Onemi sobre un maremoto en Juan Fernández, el jefe del CAT, Johaziel Jamett, afirmó en el sumario interno que la información les llegó desde la Dirección de Metereología. Pero aseguró que eso sucedió a las 05:50 y que recién entonces tomaron contacto con el SHOA. Carmen Fernández sostiene que la primera información sobre oleaje en el archipiélago la recibió cuando la Presidenta Bachelet -que había llegado a la Onemi una media hora antes- estaba dando su primera conferencia de prensa a las 05:40.

Funcionarios de Onemi han dicho que cerca de las 04:45 el jefe de la zona policial de Valparaíso, general Walter Villa, informó a la Onemi regional que habían tomado contacto por telefonía IP con el retén de Juan Fernández y que les habían confirmado que un tsunami había devastado el pueblo. También habría indicado que carabineros de San Antonio reportaba una salida de mar en Llolleo.

Establecer la hora exacta en que la Onemi supo que Juan Fernández había sido afectado por un maremoto y quién dio la alarma desde el archipiélago, no es menor para el futuro judicial de Carmen Fernández, pues ella era la principal asesora técnica de las autoridades constituidas en la Onemi y como tal tiene responsabilidad en las medidas que aconsejó y también en las que omitió. Tal como lo declaró la entonces directora a la fiscalía, la Onemi está obligada por ley a esperar que el SHO


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