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2012-07-25 | Derechos Humanos

El testimonio de uno de los dos hombres que vio morir al general Bachelet

Por : Mónica González en Reportajes de investigación


La semana pasada el juez Mario Carroza someti√≥ a proceso a dos comandantes (r) de la FACh por la muerte del general Bachelet. CIPER entrega ahora el testimonio de un hombre que lo vio morir en la C√°rcel P√ļblica. El capit√°n (r) Jorge Silva era el √ļnico preso que estaba junto a Bachelet cuando sufri√≥ el fatal infarto del 12 de marzo de 1974.

El ex uniformado cuenta que fue detenido por los mismos oficiales (r) procesados ahora por el juez Carroza: Edgar Ceballos y Ram√≥n C√°ceres. √Čste √ļltimo, acusa Silva, tambi√©n lo tortur√≥. Su pecado: haber detectado una conspiraci√≥n militar para asesinar a Allende en 1970.

Jorge Silva no fumaba, pero el d√≠a en que al fin se decidi√≥ a contar toda su historia encendi√≥ tres cigarrillos. En 1970 ten√≠a 35 a√Īos cuando, por un hecho fortuito, qued√≥ a cargo del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza A√©rea. Entonces ostentaba el grado de capit√°n de la FACh. En esa destinaci√≥n detect√≥ y ayud√≥ a desbaratar un plan, desconocido hasta ahora, para asesinar a Salvador Allende antes de que asumiera la Presidencia. La conspiraci√≥n ten√≠a como protagonistas a oficiales de la FACH, la Armada y el Ej√©rcito. Silva no era un hombre de izquierda, pero ese episodio marcar√≠a su vida. Por ese hecho fue detenido en octubre de 1973, acusado de traici√≥n y torturado. Parte de los recuerdos que relata Silva, ya fueron publicados en el libro ‚ÄúDisparen a la bandada‚ÄĚ de Fernando Villagr√°n.

En la C√°rcel P√ļblica, Silva conoci√≥ al general Alberto Bachelet. Dorm√≠an en camas contiguas en la celda y por eso escuch√≥, de boca del propio general, las razones que lo llevaron al colapso card√≠aco. Silva fue el √ļnico preso que estaba con Bachelet cuando sobrevino el infarto y lo asisti√≥, junto al doctor √Ālvaro Y√°√Īez, al momento de su muerte.

El d√≠a en que Silva desclasific√≥ su historia para CIPER, estaba acompa√Īado de los comandantes (r) de la FACh Alamiro Castillo y Ra√ļl Vergara. Flanqueado por ellos, Silva cont√≥ que otros dos comandantes (r) fueron los responsables de su detenci√≥n en 1973: Edgar Ceballos y Ram√≥n C√°ceres. A este √ļltimo lo conoc√≠a por razones familiares y lo acusa de haber sido uno de sus torturadores. La semana pasada el juez Mario Carroza, que investiga la muerte del general Bachelet, proces√≥ y detuvo a Ceballos y C√°ceres.

-Capit√°n, ¬Ņc√≥mo recuerda usted las √ļltimas horas de vida del general Alberto Bachelet, con el que comparti√≥ estrechamente mientras ambos estuvieron detenidos en la C√°rcel P√ļblica varios meses?
Recuerdo muy bien sus √ļltimas horas de vida. Porque a mi general lo sacaron ese d√≠a lunes 11 de marzo de 1974 de la c√°rcel y se lo llevaron a la Academia de Guerra A√©rea (AGA). Fue inesperado, como despu√©s de almuerzo, creo, y lo trajeron de regreso como a las 8 √≥ 9 de la noche. Yo dorm√≠a en una cama que llev√≥ la esposa del general Alberto Bachelet, √Āngela Jeria, a la c√°rcel. Ellos eran muy aficionados a salir de camping, y como nosotros est√°bamos hacinados en una celda en la que a veces hab√≠a hasta 18 prisioneros, ella llev√≥ dos camas. Arm√°bamos la cama cuando todo el resto ya se hab√≠a acostado porque no hab√≠a espacio. Entonces, se acostaban todos y con el general Bachelet despu√©s arm√°bamos la cama de √©l y la m√≠a en el suelo, una junto a la otra. Estaban tan juntas que, a veces, el general se dorm√≠a y se le ca√≠a el brazo encima de m√≠. ‚ÄúMi general, me est√° despertando‚ÄĚ, le dec√≠a.

-¬ŅQui√©nes estaban en esa celda en la que compart√≠a con el general Bachelet?
La cantidad de presos que est√°bamos recluidos en la celda 12 de la C√°rcel P√ļblica variaba. A veces hasta civiles que llegaban los met√≠an en nuestra celda. La celda, ubicada en una esquina, ten√≠a dos √°reas. Recuerdo que en una estaba Rolando Miranda, Patricio Carvacho, el coronel Carlos Ominami, Ernesto Galaz. Y en la otra estaba el general Sergio Poblete como con tres literas encima. Y en el suelo dorm√≠amos el general Bachelet y yo.

-¬ŅC√≥mo estaba antes de que se lo llevaran a interrogatorio a la AGA?
Normal. Y volvi√≥ afectado, muy afectado. Hay una √ļltima conversaci√≥n que no he dicho nunca p√ļblicamente. En la noche est√°bamos todos metidos en la cama‚Ķy me hizo un comentario: ‚ÄúMe quieren embarcar en un l√≠o de faldas que ojal√° no lo sepa la √Āngela, porque t√ļ sabes como es esta gente. Yo tuve un problema y lo est√°n armando en este momento; y tal como lo est√°n haciendo, ser√° muy dif√≠cil para m√≠ rebatirlo. Y lo m√°s probable es que se lo van a decir a ella‚ÄĚ. (En documentos judiciales hay testimonios que indican que el general Bachelet escucha en ese √ļltimo interrogatorio los gritos de una mujer a la que quieren que confiese una vinculaci√≥n con √©l). La verdad es que por pudor no quise preguntarle nada m√°s. As√≠ era el trato que ten√≠amos los oficiales con un general‚Ķ Le ped√≠ que no se preocupara, que ellos hab√≠an demostrado no tener l√≠mites, que quiz√°s qu√© otras cosas le van a inventar‚Ķ ‚ÄúYa‚ÄĚ, me dijo, ‚Äúma√Īana conversamos‚ÄĚ. Pero lo vi tan afectado que incluso decid√≠ tomarle el pulso. Eso fue lo √ļltimo que conversamos esa noche‚Ķ

-¬ŅEra frecuente que los oficiales que estaban en esa celda con usted contaran lo que ocurri√≥ en el interrogatorio cuando regresaban de la AGA?
No, no era lo habitual. De hecho, fue la primera vez que el general Bachelet dijo algo. Nadie contaba nada porque, por razones obvias, nadie quer√≠a escuchar tampoco. Sobre las torturas no hab√≠a forma de esconder lo que hab√≠a pasado, porque llegaban con marcas, marcas rojas. Nosotros dec√≠amos que volv√≠an con ‚Äúpulseras‚ÄĚ, porque cuando nos aplicaban los choques el√©ctricos t√ļ te estirabas y en tu piel se enterraban los alambres que te pon√≠an en las mu√Īecas. Eran tirantes de paraca√≠das que usaban para eso. Yo no creo que al general Bachelet lo torturaran f√≠sicamente, pero s√≠ sicol√≥gicamente con las historias que le empezaron a inventar de platas y mujeres. Y eso lo ten√≠a realmente muy afectado la noche antes de que falleciera.

-¬ŅQu√© pas√≥ a la ma√Īana siguiente?
Esa ma√Īana, el general Bachelet y yo est√°bamos de turno para el lavado de las cosas del desayuno. Y la gente se ha olvidado que precisamente esa ma√Īana fueron a la c√°rcel el capell√°n Gilmoure y el capell√°n de la c√°rcel a hacer una misa. La hicieron en el patio donde nosotros est√°bamos. El general Bachelet no fue a la misa, era mas√≥n, y nos quedamos los dos en la celda mientras el resto se fue a la misa, porque yo estaba haciendo el desayuno y √©l estaba lavando la vajilla. Y en un momento √©l me dijo: ‚ÄúFlaco, me siento mal‚ÄĚ. ‚ÄúMi general, recu√©stese en la cama de mi general Sergio Poblete‚ÄĚ, le dije. Porque √©sa era la primera litera de la celda. Se recost√≥ y me dijo: ‚ÄúP√°same la trinitina‚ÄĚ. Yo le pas√© las tabletas. Se las ech√≥ a la boca y me di cuenta que estaba transpirando mucho. Le tom√© el pulso y me di cuenta que estaba fuera de control. Recuerdo que grit√© y le ped√≠ a no s√© quien que trajera al doctor Y√°√Īez (√Ālvaro Y√°√Īez del Villar), otro de los prisioneros. Apenas entr√≥ el doctor Y√°√Īez a la celda lo examin√≥ y de inmediato dijo: ‚Äú¬°Est√° teniendo un infarto!, ¬°ay√ļdame!‚ÄĚ. Entre los dos lo bajamos de la cama y pusimos al general en el suelo. Y el doctor Y√°√Īez se mont√≥ encima de √©l empezando a hacerle masajes card√≠acos. Me acuerdo que incluso trat√≥ de sacarle la pr√≥tesis dental que ten√≠a y no pudo. Entonces Y√°√Īez me dijo: ‚Äú¬°s√≥plalo!, ¬°s√≥plalo!, ¬°hay que hacerle respiraci√≥n boca a boca!‚ÄĚ. Fue muy impresionante porque todo el resto estaba en la misa y la m√ļsica de fondo eran los c√°ntos de los presos en la misa: ‚ÄúEl se√Īor es mi pastor‚Ķ.‚ÄĚ. Una cosa muy siniestra. Est√°bamos en eso cuando de repente entra el alcaide de la c√°rcel con el practicante:

-¬°Qu√© est√° pasando aqu√≠! -dice el alcaide haciendo a un lado al doctor Y√°√Īez.

Cuando el practicante se aproxima, Y√°√Īez lo interpela: ‚Äú¬°¬ŅQu√© le va a hacer!?‚ÄĚ.

-Le voy a poner adrenalina en la boca ‚Äďresponde el practicante.
-¬°No sea ignorante! ¬°C√≥mo le va a poner adrenalina a un hombre que est√° inconsciente! ‚Äďdice con urgencia Y√°√Īez.
-¬°Qu√© sabe usted! ‚Äďlo increp√≥ el practicante.
-Yo s√≠ s√© lo que le pasa, porque soy m√©dico ‚Äďdijo Y√°√Īez y volvi√≥ a acercarse al general

El alcaide sac√≥ al practicante de la celda y se lo lleva, cerrando la celda. Nos quedamos con Y√°√Īez adentro y a los pocos minutos vuelve el practicante con una camilla, colocan al general Bachelet sobre la camilla y salen.

(Vea el relato del doctor Y√°√Īez a El Mercurio del 13 de agosto 2001: ‚ÄúMe fueron a decir que estaba mal, ‚Äėparece que se va a desmayar‚Äô. Habl√© con el alcaide: ‚Äėest√° grave el general Bachelet, hay que llevarlo a una unidad de cuidados intensivos‚Äô. Ten√≠a un ataque de arritmia, se estaba colapsando. ‚ÄėPor favor, hay que llevarlo.
El Hospital J.J. Aguirre estaba a cinco minutos‚Äô. Me dijo que no pod√≠a hacerlo: ‚ÄėLa FACh proh√≠be sacar a nadie sin autorizaci√≥n‚Äô. ‚ÄėPida la autorizaci√≥n telef√≥nica‚Äô. ‚ÄėNo puedo, tengo que mandar un oficio‚Äô. ‚ÄėPor favor, se va a morir. Yo lo acompa√Īo. Encad√©neme a la camilla‚Äô. Hab√≠a que combatir el colapso.
‚ÄúNo se pudo. ‚ÄėSe est√° desmayando‚Äô. No ten√≠a pulso y no respiraba. Comenzamos a hacerle boca a boca y masaje card√≠aco. Lo llevamos corriendo a la enfermer√≠a. Seguimos en lo mismo. A los 20 minutos vi que no logramos crear pulso y dije est√° muerto dej√©moslo tranquilo. ‚ÄėDescansa de toda esta porquer√≠a‚Äô‚ÄĚ).

-Usted y el doctor Y√°√Īez lo vieron morir‚Ķ
Yo tengo la impresi√≥n de que el general Bachelet sali√≥ muerto de la celda. Y le voy a decir por qu√©. Porque cuando lo subieron a la camilla, se le soltaron los esf√≠nteres. Yo lo vi. Para no olvidar esos momentos‚Ķ Y cuando lo habl√© con mi mujer, que es enfermera, me dijo que eso pasa cuando una persona se muere. A mi general se lo llevaron a la enfermer√≠a y eso es lo que s√©, porque nunca m√°s lo vi. Han salido muchas versiones. Muchos han querido ser el √ļltimo que tuvo a Bachelet en sus brazos, pero la verdad es que s√≥lo est√°bamos el doctor Y√°√Īez y yo. Nadie m√°s. Excepto el momento en que entra el alcaide con el practicante. La otra mentira que se ha dicho es que el general Bachelet hab√≠a estado jugando b√°squetbol en la ma√Īana. ¬°Mentira! Porque ese d√≠a, por la misa, no se jug√≥ b√°squetbol. Y a ella concurrieron los uniformados que est√°bamos presos y tambi√©n fueron civiles presos.

-¬ŅLos interrogadores eran los mismos?
Sí, Edgar Ceballos, Ramón Cáceres y Víctor Mattig, los principales. Creo que a Bachelet lo interrogaba también el fiscal Orlando Gutiérrez.

-¬ŅUsted era amigo del general Bachelet antes de caer preso?
No, yo lo conoc√≠ en la c√°rcel. Y tuvimos una muy buena relaci√≥n. Era muy abierto, conversaba con todos y cumpl√≠a todas las funciones como cualquiera: lavaba platos, hac√≠a el aseo‚Ķ Era muy abierto y sencillo. Recuerdo justamente que un par de semanas antes de que se llevaran al general Bachelet a la AGA para interrogarlo de nuevo, hab√≠amos estado acompa√Īando y conversando con uno de los presos que estaba muy afectado por algo personal que le hab√≠a ocurrido. Y en eso, lleg√≥ el general Bachelet y nos dijo: ‚ÄúYa pues chiquillos, terminen con la historia de estarse preocupando de las mujeres. Yo quiero que diga aqu√≠ honestamente alguno de ustedes, ¬Ņqui√©n podr√≠a asegurar que si fuera al rev√©s, que nuestras mujeres estuvieran presas y nosotros libres, al cabo de un buen tiempo √≠bamos a continuar siendo absolutamente fieles?‚ÄĚ.

-¬ŅCu√°nto tiempo comparti√≥ usted con el general Bachelet en la c√°rcel?
El general Bachelet no estuvo todo el tiempo con nosotros. Lleg√≥ a la c√°rcel en diciembre de 1973, como cuatro √≥ cinco d√≠as antes de Navidad. Y en todo ese tiempo, desde diciembre hasta marzo, cuando fallece, nunca lo vi afectado, tan afectado como la noche antes de que muriera. Tengo la impresi√≥n de que su gran pena era el da√Īo que le iban a ocasionar a su mujer. Al d√≠a siguiente no hablamos del tema porque nos dedicamos a las tareas dom√©sticas. Siempre he pensado que la tragedia que provoc√≥ la muerte o apur√≥ la muerte del general Bachelet, se produjo cuando en la AGA lo quisieron embarcar en un l√≠o sentimental. No fue con el √ļnico que lo hicieron. Despu√©s, conversando con otros prisioneros en la c√°rcel, supe que les hicieron lo mismo a otros. Pero eso tiene que contarlo cada uno‚Ķ Les contaban a sus esposas historias de amantes, verdaderas o falsas. Era la t√©cnica que usaban para intentar obtener otra informaci√≥n o para desmoronar a los m√°s fuertes: cre√°ndole situaciones extremas a la gente que interrogaban.

(Vea el relato de √Āngela Jeria en el proceso que sigue el juez Carroza, rese√Īado por La Segunda del 20 de junio de 2012: En el expediente que lleva el juez Mario Carroza, figura la declaraci√≥n de la esposa del general Bachelet, √Āngela Jeria, quien testifica que su marido intent√≥ advertirle que trataban de involucrarlo en falsedades y le pide ‚Äúno creas nada de lo que te digan, no hables con nadie hasta que nos veamos nuevamente‚ÄĚ. El mensaje estaba oculto en el cuello de una camisa que √Āngela Jeria retiro desde la c√°rcel entre la ropa para lavar. Ella lo encontr√≥ el 8 de marzo de 1974. Pero no volvi√≥ a hablar con su esposo. Bachelet muri√≥ cuatro d√≠as despu√©s).

CONSPIRACI√ďN PARA MATAR A ALLENDE

-¬ŅPor qu√© fue detenido usted si no particip√≥ de ninguna reuni√≥n de opositores al grupo golpista y trabajaba en el Departamento de Inteligencia de la FACH?
Alamiro Guzm√°n, Ra√ļl Vergara y otros oficiales de la FACH, sab√≠an que yo estaba en contra de un Golpe, pero lo que influy√≥ fue una situaci√≥n que me persigui√≥ y que ocurri√≥ apenas Salvador Allende fue elegido el 4 de septiembre de 1970 y antes de que fuera sancionada su elecci√≥n en el Congreso. Se la voy a relatar.

Un d√≠a me llama el que era comandante en jefe de la FACH en ese momento, el general Carlos Guerraty y me dice que me vaya de inmediato a Quintero, que no llegue hasta la Base A√©rea, que aterrice en Rodelillo. Y agreg√≥: ‚ÄúY v√°yase a conversar con el coronel Jos√© Berdichewsky para que le entregue una informaci√≥n que yo acabo de recibir en este momento y que √©l necesita conversar con alguien de Inteligencia‚ÄĚ.

Qu√© hab√≠a pasado. Cuando sale Allende elegido, se produce una situaci√≥n absolutamente anormal en la Fuerza A√©rea. Cuando a uno lo quieren mandar de agregado a alguna embajada u organismo internacional en el extranjero, es un proceso normalmente largo porque tiene que salir en el Bolet√≠n Oficial, asignarte en el presupuesto y una serie de tr√°mites m√°s. Y cuando sale elegido Salvador Allende, al coronel Mario Jahn lo sacan del Departamento de Contrainteligencia de la FACH en cinco d√≠as. Con inusitada velocidad. Se va Jahn a Panam√° y yo, que era el segundo en Contrainteligencia, me quedo solo ah√≠ con todo el l√≠o que se arm√≥ y con muy poca experiencia. Era capit√°n y ten√≠a 35 a√Īos. Me com√≠ todo ese per√≠odo entre la elecci√≥n de Allende el 4 de septiembre de 1970, su corroboraci√≥n por el Congreso el 24 de octubre y el inicio de su gobierno el 4 de noviembre, solo.

Entonces, ese d√≠a, muy poco despu√©s del 4 de septiembre, d√≠a de la elecci√≥n de Allende, me voy a Quintero y hablo con el coronel Berdichewsky. Le digo que me ha mandado mi general Guerraty a hablar con √©l respecto a una informaci√≥n que me tiene que entregar. ‚ÄúS√≠‚ÄĚ, me dice, ‚Äútengo necesidad de hablar con usted porque he tenido conocimiento de que est√° operando dentro de la Base A√©rea una c√©lula comunista‚ÄĚ y me da una serie de antecedentes.

-Bueno, mi general, ¬Ņc√≥mo usted obtuvo esta informaci√≥n?
-La recibí…
-Mi coronel, si usted quiere que yo investigue esto, usted comprender√° que debe decirme de qui√©n obtuvo la informaci√≥n. La fuente. Porque de lo contrario no puedo hacer nada. Los antecedentes que me da, que se ha perdido una Tarjeta de Identificaci√≥n Militar (TIFA) en el casino, que la encontraron abandonada dentro de un avi√≥n y otras informaciones sobre personas sobre las que usted tiene dudas o sospechas, ¬Ņqui√©n se las dio?
Y despu√©s que le insisto y le digo claramente que si no me da la fuente no podr√© hacer nada, √©l dice: ‚ÄúEsta informaci√≥n me la entreg√≥ el comandante Montero‚ÄĚ. Un oficial de la FACH que se hab√≠a retirado poco m√°s un a√Īo antes.
-¬ŅD√≥nde puedo hablar con el comandante Montero? -le pregunt√≥.
-‚Ķ No s√© si deba decirle‚Ķ, no s√© ‚Äďescucho como respuesta.
Y ah√≠ le dije: ‚ÄúO me da la informaci√≥n completa, mi coronel, o me regreso a Santiago‚ÄĚ. ‚ÄúMontero vive en Vi√Īa del Mar‚ÄĚ. Y me da la direcci√≥n. Era una calle que desemboca en el Regimiento Coraceros. Part√≠ inmediatamente. Hab√≠a llegado como a las 10 de la noche a Quintero, por lo que debo haber llegado a la casa de este se√Īor Montero como a las dos de la ma√Īana. Y lo primero que me llam√≥ la atenci√≥n fue que la casa estaba con muchas luces. √Čl mismo me sali√≥ a abrir la puerta. Y me dijo: ‚ÄúQu√© gusto, capit√°n, de tenerlo aqu√≠, lo estaba esperando‚ÄĚ. Y me hace entrar a una especie de biblioteca chica. Vuelve a decirme la alegr√≠a que le da que haya venido, que necesitaba urgente hablar conmigo. Y agrega: ‚ÄúUsted sabe que viene el marxista Salvador Allende a Valpara√≠so el s√°bado y cuando Mario Jahn se fue me dej√≥ dicho que cualquier cosa que necesitara la hablara con usted, porque pod√≠a colaborarnos en los que necesit√°ramos. Y bueno, aqu√≠ en mi casa est√° el almirante Justiniano (Horacio Justiniano) y el comandante del Regimiento Coraceros porque vamos a asesinar al Presidente (Allende) cuando venga el s√°bado‚ÄĚ.

-¬ŅMontero le dijo que iban a asesinar a Salvador Allende?
Claro: ‚ÄúLo vamos a asesinar‚ÄĚ. Tal cual. Y me agreg√≥: ‚ÄúNecesito que me entregue armas autom√°ticas y personal para cubrir la retirada de la gente que va a operar‚ÄĚ. Me dijo tambi√©n que estaban al tanto de lo que se iba a hacer el comandante en jefe, general Guerraty, y el comandante del Comando de Combate, el general Toro Mazote. Le respond√≠ que no hab√≠a venido a hablar con √©l de eso, sino de una c√©lula comunista que operaba en la FACH y de la que √©l hab√≠a tenido conocimiento y de la cual le hab√≠a informado al coronel Berdichewsky.
-Pero capitán, yo necesitaba hablar con usted y por eso le dije a Berdichewsky lo de la célula comunista.
Bueno, le dije a Montero, yo no le puedo contestar en este momento lo que usted me está pidiendo. Es muy grave y debo meditarlo. Y me fui. Llegué a Santiago en la madrugada y me fui directo a mi oficina, al Departamento de Contrainteligencia que funcionaba en Bulnes con calle Cóndor y escribí un parte escrito de todo lo sucedido. Allí cuento exactamente todo lo que acabo de relatarle. Y lo hice con mucha tranquilidad porque se lo iba a entregar al general César Ruiz Danyau, quien estaba en contacto con Allende y de quien todos sabíamos que iba a ser el próximo comandante en jefe de la Fuerza Aérea.

-¬ŅQu√© hizo una vez que tuvo escrito el parte?
Termin√© el parte y me fui al Ministerio de Defensa. Ah√≠ espero que llegue el general Ruiz Danyau. Apenas lo veo le digo: ‚ÄúMi general, necesito hablar con usted con urgencia‚ÄĚ. Me hizo entrar de inmediato y sin pre√°mbulos le entrego el parte escrito. El general empieza a leerlo y recuerdo que en un momento debi√≥ acomodarse los anteojos y √©l dice: ‚Äúse me llegan a caer los anteojos‚ÄĚ. Termina de leer, se queda un rato pensando, luego toma el tel√©fono y dice: ‚ÄúAlo, mi general Guerraty, hay un informe aqu√≠ que creo debe ver de inmediato‚ÄĚ. ‚ÄúSuba, capit√°n Silva, mu√©strele el documento‚ÄĚ, fue lo √ļltimo que escuch√© al salir de la oficina del general Ruiz. Ah√≠ supe que estaba metido en un l√≠o, porque el general Ruiz no me apoy√≥. En el documento que estoy entregando aparec√≠a el nombre del general Guerraty y ahora el general Ruiz me mandaba a hablar con √©l‚Ķ Subo a la comandancia en jefe, entro a la oficina del general Guerraty. √Čl lee el parte y cuando finaliza me mira y me pregunta: ‚Äú¬ŅQu√© piensa usted?‚ÄĚ. ‚ÄúMi general, este es un crimen pol√≠tico, vulnera y violenta a las Fuerzas Armadas y a la Fuerza A√©rea. Imag√≠nese el desprestigio para nosotros‚ÄĚ, le digo. Ah√≠ el general Guerraty se da cuenta que yo no estoy en esa historia. Y me ordena que me vista de civil y que vaya nuevamente a Vi√Īa del Mar, a la casa de Montero, y le diga que no siga haciendo esos comentarios. No estoy bien seguro de los d√≠as, pero creo que esto ocurr√≠a un d√≠a mi√©rcoles y al s√°bado siguiente Allende iba a Valpara√≠so. Lo que s√≠ s√© es que era en la misma semana.

-¬ŅY se fue de nuevo a Valpara√≠so?
Debo reconocerle que no fui a Valpara√≠so. Estaba realmente aterrorizado. Consegu√≠ a trav√©s de un conducto hablar con el secretario de Salvador Allende, don Miguel Labarca. Y fui con Alamiro Castillo, aqu√≠ presente (est√° escuchando su testimonio), porque pens√© que necesitaba un testigo, ya que si pasaba algo yo ser√≠a c√≥mplice. Cuando nos encontramos con Miguel Labarca, le cont√© la historia. Y √©l dijo que necesitaba que hablara con Allende de inmediato. Nos fuimos a la llamada ‚ÄúMoneda chica‚ÄĚ, una casa que era de los profesores y donde funcionaba su comando. And√°bamos de uniforme. Ya estaba oscuro al final de ese d√≠a interminable, el mismo d√≠a que habl√© con Guerraty. Llegamos en el auto de don Miguel Labarca. Se baja, vemos movimiento y aparece Allende quien se encarama al auto. Y partimos en el auto camino a Valpara√≠so. Y le narro exactamente lo que le he contado a usted. Recuerdo que la √ļnica interrupci√≥n de Allende fue para decir: ‚Äú¬°Y por qu√© Ruiz Danyau no me inform√≥!‚ÄĚ. Y luego dijo: ‚ÄúPorque yo tengo conocimiento de esta informaci√≥n, me la pas√≥ el general Daroch‚ÄĚ. Despu√©s, nos pregunt√≥ qu√© pens√°bamos nosotros de Ruiz Danyau. Con Alamiro le dijimos que era un excelente profesional, un l√≠der, que la Fuerza A√©rea lo quiere mucho‚Ķ Y Allende insist√≠a: ‚Äú¬°por qu√© no me avis√≥!‚ÄĚ. Despu√©s Allende me dice: ‚Äú¬ŅLe importar√≠a que yo d√© cuenta p√ļblicamente de esto?‚ÄĚ. Le respond√≠ que yo no quer√≠a ser c√≥mplice de lo que pudiera pasar. Y decide que como √©l ten√≠a una concentraci√≥n en avenida Grecia, all√≠ iba a informar. Y lo hizo. Dijo que hab√≠a un oficial de una rama de las Fuerzas Armadas, de apellido Montero, ‚Äúque dice que me quiere matar, pero advierto que tengo pleno conocimiento‚Ä̂Ķ

-¬ŅUstedes detuvieron ese intento de asesinar a Salvador Allende?
As√≠ parece. Pero quiero ser bien claro, no fue que yo tuviera mucho coraje. Lo que me movi√≥ fue que no quer√≠a ser c√≥mplice de un asesinato pol√≠tico. Y Alamiro Castillo fue mi testigo, porque me pod√≠an matar y yo quer√≠a que se supiera que yo no estaba metido en ese asesinato pol√≠tico. Adem√°s, como yo era de Contrainteligencia, era posible que se pensara que yo s√≠ estaba metido. Y as√≠ se deshizo la historia. Eso cre√≠ yo‚Ķ M√°s o menos diez d√≠as despu√©s, me llega una carta por v√≠a diplom√°tica que me env√≠a el comandante Mario Jahn en la que me dice que vaya de civil a la casa del mismo comandante Montero a Vi√Īa del Mar, porque se sabe lo que pas√≥ y que retire una munici√≥n de guerra que √©l le entreg√≥ a Montero. Obviamente no hice ninguna cosa. No fui. Jahn no era mi amigo, era mi jefe, y ten√≠amos una buena relaci√≥n porque hab√≠amos estado trabajando a√Īos en el Departamento de Contrainteligencia. Y fue ah√≠ que yo comet√≠ un grave error. Porque luego me llama Jahn por tel√©fono. Y yo convencido de que me estaba llamando de la zona del Canal de Panam√°, le digo que c√≥mo est√°. Y Jahn me dice que me est√° llamando del Ministerio de Defensa, de la Subsecretar√≠a de Aviaci√≥n. ‚ÄúVenga de inmediato a hablar conmigo‚ÄĚ, dice y corta.

Llego all√°. ‚Äú¬ŅRecibi√≥ usted la carta que le envi√© pidi√©ndole que fuera a la casa de Montero?‚ÄĚ. ‚ÄúS√≠, mi coronel, la recib√≠‚ÄĚ. ‚Äú¬ŅD√≥nde est√° esa carta?, dice. ‚ÄúEn mi oficina‚ÄĚ, respondo. Y no la ten√≠a. Porque sucede que Miguel Labarca, a quien le cont√© de la carta, le inform√≥ al Presidente Allende. Y el Presidente le pidi√≥ que se la prestara porque √©l quer√≠a guardarla como un hecho hist√≥rico. Y se la entregu√© a Labarca. Por eso, cuando Mario Jahn me la pide, yo no la tengo. Y regres√© a la Subsecretar√≠a de Aviaci√≥n y le dije al coronel Jahn que no la ten√≠a, que me la hab√≠an sacado. Y ah√≠ Jahn me dice que al d√≠a siguiente lo esperaba el Presidente de la Rep√ļblica, porque √©l s√≠ ten√≠a la carta.

-Mario Jahn despu√©s del Golpe fue subdirector de la DINA y hombre clave en la Operaci√≥n C√≥ndor. ¬ŅPor qu√© se va tan repentinamente a Panam√° cuando sale elegido Allende?
Mario Jahn fue el primer oficial que parti√≥ con la cosa de la Contrainteligencia en la FACH. Pero la Contrainteligencia no fue enfocada desde un punto de vista profesional, del control del espionaje y seguridad nacional, sino que netamente pol√≠tico. Eso fue lo que aprendi√≥ Jahn en la Escuela de Las Am√©ricas en Estados Unidos. Entonces, se dedic√≥ pr√°cticamente todo el tiempo a la persecuci√≥n de gente de izquierda, de suboficiales que tuvieran alg√ļn pariente o la mujer comunista y √©l interced√≠a para que los echaran. Ese era el terror que ten√≠a cuando sale elegido Salvador Allende, porque piensa que van a ver todo el archivo que ten√≠amos nosotros: s√≥lo gente de izquierda. Jahn se aterroriza y se va a Panam√°. Y desapareci√≥ del mapa ese tiempo. Yo siempre he pensado que Mario Jahn era de la CIA.

-¬ŅSupo lo que pas√≥ al d√≠a siguiente en el encuentro entre Salvador Allende y Mario Jahn?
Lo vine a saber tres a√Īos despu√©s, cuando estuve preso con Osvaldo Puccio, secretario de Salvador Allende, quien me cont√≥ lo que ocurri√≥. Puccio me dijo que el Presidente hizo entrar a Mario Jahn a su despacho y le mostr√≥ la carta. El coronel le habr√≠a respondido que efectivamente hab√≠a estado involucrado en los hechos, pero que estaba muy arrepentido. Y Allende lo perdon√≥, y se lo dijo ah√≠ mismo. Lo perdon√≥ y le orden√≥ que volviera a su destinaci√≥n en Panam√°. Y as√≠ debe haber sido, porque yo s√≠ supe que Jahn volvi√≥ a Panam√° y nadie pidi√≥ su retiro. En cambio yo, s√≥lo tres meses m√°s estuve en el Departamento de Contrainteligencia. Me sacaron. Por el tremendo pecado de haberle informado al Presidente electo de que intentaban asesinarlo. Por eso despu√©s del Golpe a m√≠ casi me mataron, porque nunca entendieron que despu√©s de ese terrible episodio yo nunca m√°s habl√© con el Presidente Allende y tampoco con su secretario y con nadie de su entorno. No pod√≠an entender que no ped√≠ ninguna prebenda y tampoco entregu√© nunca m√°s informaci√≥n sobre la Fuerza A√©rea. Y no ten√≠an ninguna acusaci√≥n en mi contra, porque nunca asist√≠ a ninguna reuni√≥n de los contrarios al Golpe porque sab√≠a que estaban infiltrados.

‚ÄúCONSTITUCIONALISTAS‚ÄĚ INFILTRADOS

-Torturaron a todos los oficiales de la FACH que tomaron prisioneros despu√©s del Golpe y ninguno de ellos dice que usted participaba en alguno de los grupos opositores al derrocamiento de Allende. As√≠ se ve en el Consejo de Guerra. ¬ŅY lo segu√≠an torturando?
Qued√© negro, en realidad. Mi cuerpo estaba entero negro de moretones. Me llevaron a recuperarme a la Academia Polit√©cnica y ah√≠ vi cuando se le escap√≥ un disparo a un centinela que mat√≥ a un cabo que estaba detr√°s de m√≠. Pasaban cosas kafkianas all√≠. Se escapa un tiro de un fusil Mauser y mata al cabo Espinoza. Y al cabo Benavides, que tambi√©n estaba all√≠, le da una especie de shock y se pone a gritar y a llorar. Lo trato de controlar, incluso le pego una cachetada para tranquilizarlo. Y llega el oficial que estaba a cargo de los prisioneros en la Academia Polit√©cnica y se olvida que yo soy prisionero y me ordena: ‚Äúcapit√°n, saque a los prisioneros de aqu√≠ y ub√≠quelos en la sala de al lado‚ÄĚ. Lo hice. Cierro la puerta, estando yo adentro, y no supe m√°s qu√© pas√≥ con el muerto. Despu√©s de un tiempo, ya en la c√°rcel, llevaba como diez o quince d√≠as all√≠ cuando me llama el alcaide de la c√°rcel y me dice que tiene un oficio del general Orlando Guti√©rrez en el que le dice que se deje inmediatamente en libertad a Jorge Silva por falta de m√©ritos. Y el alcaide me pregunta si tengo alg√ļn reclamo contra personal de Gendarmer√≠a. ‚ÄúEn absoluto‚ÄĚ, le digo, ‚Äúpor el contrario‚ÄĚ. ‚ÄúBueno, firme aqu√≠ y tome sus cositas, porque se va libre‚ÄĚ. Firmo, salgo de la oficina en direcci√≥n a la celda para buscar mis cosas cuando me caen dos oficiales encima. Violentamente me ponen una capucha en la cabeza y parto de nuevo en direcci√≥n a la AGA. Ah√≠ pens√©: ‚ÄúAhora s√≠ que me fusilan‚ÄĚ. Si hab√≠a firmado el documento en el que me conced√≠an la libertad‚Ķ Llegu√© a la AGA y me metieron en un closet. Y estuve encerrado en ese closet el resto del d√≠a y la noche. No me sacaron ni siquiera para ir al ba√Īo. Y de repente, se abre la puerta. No sab√≠a si era de d√≠a o de noche. Me sacan, me tiran arriba de una camioneta y me llevan de regreso a la c√°rcel. No me interrogaron, no me pegaron, nada. Llego a la c√°rcel y poco despu√©s llegaron las condenas. All√≠ yo aparec√≠ condenado a 20 a√Īos. Nunca supe qu√© pas√≥.

-¬ŅNunca supo qu√© fue lo que ocurri√≥ con usted en esos momentos?
Hasta que me convidan a un seminario que hubo sobre las Fuerzas Armadas en M√©xico. Y asist√≠. Y ah√≠ estaban varios dirigentes pol√≠ticos de la Unidad Popular. En la noche me convid√≥ a comer a su casa la se√Īora Hortensia Bussi viuda de Allende. Yo era un oficial sin ninguna experiencia pol√≠tica. Y esa noche, no s√© por qu√©, les dije de la gran inc√≥gnita que no hab√≠a podido resolver: qu√© pas√≥ conmigo que me dejan libre por falta de m√©ritos para luego sacarme de la c√°rcel, encerrarme en un closet de la AGA, para luego llevarme de nuevo a la c√°rcel y condenarme a 20 a√Īos. En la casa de la se√Īora Tencha estaba Jorge Insunza, quien dijo que sab√≠a la otra parte. Y cont√≥ que √©l se hab√≠a quedado en Chile clandestino y que supo que un abogado habl√≥ con el cardenal Ra√ļl Silva Henr√≠quez por mi caso, que el cardenal habl√≥ con el general Gustavo Leigh, quien dijo que a m√≠ me iban a fusilar por traici√≥n. Que entonces el cardenal hab√≠a dicho que era pariente m√≠o y que ped√≠a hablar conmigo. Eso habr√≠a provocado el fin de mi historia de preso.

-¬ŅNada sab√≠a el alto mando de las reuniones que hac√≠an al interior de la FACH oficiales que no estaban con el Golpe o que claramente apoyaban al gobierno de la Unidad Popular?
Tengo una serie de dudas. Yo estaba en el Departamento de Contrainteligencia. Y el general C√©sar Ruiz Danyau, entonces comandante en jefe de la FACH, sab√≠a de las reuniones que ten√≠a el grupo de los aviadores institucionales, al que pertenec√≠a el capit√°n Ra√ļl Vergara y Alamiro Castillo; y tambi√©n del grupo que pertenec√≠a al MIR. Y lo s√© porque hab√≠a un oficial que habiendo asistido a algunas reuniones del grupo de Vergara, el entonces comandante de escuadrilla y despu√©s general Patricio Araya -que era muy regal√≥n del general Ruiz-, le pasaba la informaci√≥n al general Ruiz y el comandante en jefe le pasaba la informaci√≥n al jefe del Departamento de Contrainteligencia, el general Mario Jahn. Por eso yo lo sab√≠a y me pregunto hasta hoy por qu√© si el general Ruiz sab√≠a lo que estaba desarroll√°ndose al interior de la FACH, no intent√≥ atajarlo en ese momento, antes del Golpe.
Incluso, una vez le dije a Ra√ļl Vergara que tuviera cuidado porque se estaba sabiendo de las reuniones que estaba haciendo. Le dije que se cuidara de Araya ya que su padre era el relacionador p√ļblico de la embajada de Estados Unidos en Chile en ese entonces. No le pod√≠a decir m√°s. Esa fue la raz√≥n, entre otras, por la que nunca fui a ninguna reuni√≥n de ese grupo. Yo estaba en el servicio de Inteligencia y no iba a asistir a reuniones de un grupo que ya estaba detectado. Entonces, a veces, yo me pregunto: ¬Ņno habr√° sido una confabulaci√≥n?, ¬Ņno habr√° sido que quer√≠an a este grupo de oficiales ‚Äúinfiltrados‚ÄĚ en la Fuerza A√©rea para despu√©s tener una raz√≥n v√°lida a utilizar como un elemento para neutralizar a los que pod√≠an oponerse al Golpe o a la represi√≥n que se hizo m√°s tarde dentro de la misma FACH? ¬ŅNo habr√° sido algo que manej√≥ la CIA?

-¬ŅConoci√≥ supongo al coronel Carlos Ominami en la FACH y en la c√°rcel? ¬ŅQu√© opini√≥n ten√≠a de √©l?
Tengo que decir que el coronel Carlos Ominami no era un hombre de izquierda. Ominami nunca entreg√≥ opiniones respecto del gobierno de la Unidad Popular. Recuerdo que me re√≠a mucho de √©l porque compraba El Mercurio y se sentaba siempre a leerlo en la esquina del patio donde jugaban f√ļtbol. Y lo le√≠a entero. Y nos re√≠amos porque dec√≠amos que se le√≠a hasta los avisos econ√≥micos. ¬°Lo trataron muy mal! Lo torturaron mucho. Lleg√≥ con marcas en las piernas‚Ķ Y nos contaba algo de lo que nos re√≠amos mucho. Lo llevaron a un dormitorio all√° en el AGA y lleg√≥ un tipo que parece que era hipnotizador. Y lo empez√≥ a hipnotizar. Cuando ya hab√≠a transcurrido un tiempo, el hipnotizador le dice: ‚ÄúVamos a traer a tu hijo‚ÄĚ. Y contaba Ominami que escucha una voz que dice: ‚ÄúPap√°, ¬Ņte recuerdas del plan de defensa que me pasaste?‚ÄĚ. Y Ominami dice que replica: ‚ÄúHijo, no te reconozco, tu voz est√° muy rara‚ÄĚ. Y entonces a punta de patadas lo bajaron de la cama y lo siguieron golpeando mientras gritaban: ‚Äú¬°√Čste no est√° durmiendo, no est√° hipnotizado!‚ÄĚ. Lo que sigui√≥ fue duro.

-¬ŅRecuerda alg√ļn hecho concreto por el cual lo hayan interrogado con insistencia?
Me interrogaban y me insist√≠an mucho por el dirigente del MIR Jorge Fuentes (el ‚ÄúTrosko‚ÄĚ Fuentes, quien fue detenido en Paraguay por operativo de la Operaci√≥n C√≥ndor y asesinado en Chile). Yo lo conoc√≠a porque era muy amigo de mi hermano menor. Y un d√≠a en la tarde voy llegando a mi departamento en Mac Iver con Agustinas y abajo, en las afueras del edificio, me encuentro con Choche, as√≠ le dec√≠amos en mi casa. ‚ÄúHola Jorge, te hemos andado buscando hace mucho tiempo, menos mal que te encontr√©‚ÄĚ, me dice a modo de saludo. ‚ÄúSubamos‚ÄĚ, le dije, ‚Äúa mi departamento‚ÄĚ. Y cuando nos sentamos, me empez√≥ a hablar del reformista de Allende y sigui√≥ critic√°ndolo, y luego dijo: ‚ÄúNosotros quer√≠amos saber si t√ļ nos pudieras facilitar el acceso a la Base de El Bosque (donde yo estaba en servicio entonces), para sacar armamento‚ÄĚ. Mi respuesta fue inmediata: ‚ÄúMira Choche, quiero que te quede muy claro que no estoy en contra del gobierno. Que hay instrumentos constitucionales para acusar al gobierno de lo que ustedes piensan, pero la forma en que t√ļ planteas tu descontento no la comparto en absoluto. Ni pienses que te voy a facilitar el paso para sacar armamento. Es m√°s, si yo estoy a cargo el d√≠a en que lo intenten, voy a ordenar disparar si pillamos gente intentando sacar armamento. Olv√≠date. Eso no lo vas a lograr conmigo‚ÄĚ. Nunca m√°s supe de √©l.

Una de las cosas que me mostraron cuando me interrogaban fue un documento que encontraron en las Torres de San Borja en el que decía que se tomó contacto con el coronel Jorge Silva. Y allí dice exactamente lo que le dije en esa oportunidad: que no estaba de acuerdo con el MIR. Cuando me interrogaban, me pegaban y me volvían a golpear preguntándome si después de esa conversación yo había cambiado de opinión y había colaborado con el MIR. No me creían, lo mismo que nunca más hablé con Allende.

Mi impresi√≥n es que mucho despu√©s se dieron cuenta en el Consejo de Guerra que no ten√≠an nada para acusarme, aparte de inventarme que yo estuve con el grupo de los ‚Äúconstitucionalistas‚ÄĚ (el grupo de Ra√ļl Vergara y Alamiro Guzm√°n), y me rebajan los 20 a√Īos a cinco a√Īos por ‚Äúincumplimiento de deberes militares‚ÄĚ. Da la casualidad que estaba de presidente del Consejo de Guerra el general Juan Soler Manfredini. Yo ten√≠a muy buena relaci√≥n con el general Soler, ya que estuve en la Escuela de Especialidades cuando √©l era director y el general Soler hab√≠a sido edec√°n del Presidente Frei. Y cuando yo llegu√© a la Escuela de Especialidades convers√°bamos de pol√≠tica con √©l. Y √©l estaba bastante claro respecto de una posici√≥n constitucionalista. Pero empez√≥ a cambiar, al punto que se puso golpista. Y recuerdo haber estado en su casa conversando y √©l tratando de convencerme porque sab√≠a que estaba en contra del Golpe. ‚Äú¬°Imag√≠nese el mando de la Fuerza A√©rea a cargo de este pa√≠s! ¬°Con todo lo que lo hemos criticado por c√≥mo ha administrado y dirigido a las Fuerzas Armadas y todos los problemas que hay en la Fuerza A√©rea!‚ÄĚ, le dec√≠a yo.

Soler sab√≠a cu√°l era la posici√≥n m√≠a y como ten√≠amos buena relaci√≥n el d√≠a del Golpe me llama. √Čl escuchaba los bandos militares y estaba furioso porque nadie le hab√≠a informado nada de lo que iba a ocurrir. ‚ÄúBueno, Flaco, ¬ŅY qu√© piensas t√ļ?‚ÄĚ, me dijo. ‚ÄúSoy un profesional, mi coronel, no piense que voy a hacer una estupidez porque no la voy a hacer, pero le quiero pedir un favor, no quiero salir a la calle a reprimir a la gente, porque no voy a poder cumplir bien esa orden. ‚ÄúYa, no te preocupes, va a salir el subdirector a cargo de toda la fuerza y t√ļ te quedas aqu√≠ a cargo de la log√≠stica porque va a venir toda la guarnici√≥n de Colina y de Cerrillos que se va a instalar aqu√≠ y a esta gente hay que alimentarla y hacerla dormir. T√ļ te quedas a cargo‚ÄĚ, fue su respuesta.

As√≠ lo hice. Vi como iban llegando los camiones cargados de presos a los que dejaban en un hangar rojo en la Escuela de Especialidades (la primera unidad de la Base El Bosque, ubicada en el paradero 32 de la Gran Avenida). El hangar estaba repleto. Ah√≠ fue cuando vi a dos j√≥venes, muy jovencitos (los entonces estudiantes universitarios Fernando Villagr√°n y Felipe Ag√ľero), uno estaba todo mojado con una de esas frazadas grises de la FACH, a cargo de un suboficial. Yo ni siquiera estaba vestido de combate. Me acerco al suboficial y le pregunto: ‚Äú¬ŅQu√© pasa con estos dos muchachos?‚ÄĚ. Y el suboficial me dice que los han sorprendido en un auto con un documento en el que se preparaban para enfrentarse a la Junta Militar, por lo que los van a fusilar en la noche.

-Mira, hay un veh√≠culo que va a salir dentro de dos horas al Estadio Nacional. √Čchalos en ese veh√≠culo -le dije al suboficial

Y el suboficial los mandó al Estadio Nacional. Los sacó esa misma noche con el resto de los prisioneros de La Legua. Y no los fusilaron. Se salvaron.

DETENIDO Y TORTURADO

-¬ŅCu√°ndo y c√≥mo fue detenido usted?
Yo sab√≠a que iba a caer. Lo present√≠a. Era todo kafkiano en ese per√≠odo. Sab√≠a que mi gran amigo Alamiro Castillo estaba asilado en la embajada argentina. Y pasaba en mi auto frente a la embajada para ver si lo ve√≠a, para saber lo que pasaba con √©l. Nunca lo vi. Pero tambi√©n sab√≠a que Ra√ļl Vergara estaba preso junto a otros oficiales que no eran golpistas. Y pensaba que yo tambi√©n iba a caer detenido, sobretodo por el problema de la carta de Mario Jahn que nunca me lo tocaron, pero que estaba presente. Yo lo sab√≠a. Ellos lo sab√≠an.

Finalmente ca√≠ preso el 9 de octubre de 1973. Y como sab√≠a que se robaban los autos de la gente que ca√≠a presa, yo le dec√≠a a Nelsa, mi esposa, que me fuera a dejar en el auto temprano y como ella era enfermera de la posta del J.J. Aguirre, se fuera con √©l. As√≠, si me deten√≠an, ella se quedaba con el auto. Cada ma√Īana nos √≠bamos por la Panamericana y ve√≠amos en la esquina del Cementerio Metropolitano los cuerpos de los muertos. Yo sab√≠a que era gente que mataban en la Escuela de Especialidades y luego la iban a tirar all√≠. Pero a m√≠ no me pasaba nada. Hasta que un d√≠a, voy llegando a mi casa como a las 10 de la noche y encuentro a un veh√≠culo de la FACH que me est√° esperando. Se baja un chofer de mi grupo y me dice: ‚ÄúMi capit√°n, me mand√≥ mi coronel Soler a buscarlo. Pero dijo que antes que se fuera lo llamara por tel√©fono‚ÄĚ. Llam√© al coronel Soler a su casa. ‚ÄúOiga capit√°n, ¬Ņd√≥nde est√° en este momento?, ¬Ņen la casa de su mam√° o en la suya en el centro?‚ÄĚ. ‚ÄúEstoy en el centro, mi coronel‚ÄĚ. ‚ÄúYa mi capit√°n, porque le quiero pedir un favor, ¬Ņpero no tiene un problema para venir hasta ac√°?‚ÄĚ. ‚ÄúNo, mi coronel, voy inmediatamente‚ÄĚ. ‚Äú¬ŅPero est√° seguro?, porque si no puede lo hablamos ma√Īana‚ÄĚ. ‚ÄúNo, mi coronel si usted me necesita voy inmediatamente‚ÄĚ.

Part√≠ en el mismo veh√≠culo hacia la casa de mi coronel Soler, que estaba al frente de la Escuela de Especialidades. Me llam√≥ la atenci√≥n que se demoraban en abrir. Y me sali√≥ a abrir el chofer. Entr√©, pas√© por el antejard√≠n, y cuando voy llegando a la puerta de la casa, me caen encima dos oficiales. Uno me puso una capucha en la cabeza, otro me saca el arma. Y yo siento que est√° ah√≠ el coronel Soler. Y lo escucho decir: ‚ÄúYo s√© que va a volver. Yo s√© que esto no es verdad. Yo me voy a quedar con la pistola‚ÄĚ. Me amarraron, me tiraron adentro de un veh√≠culo y me llevaron directo a la Academia de Guerra A√©rea. Y en ese momento dej√© de ser capit√°n de la Fuerza A√©rea.

-Es decir, Soler lo entregó.
Me entreg√≥, pero me dio la posibilidad de no ir a su casa. Pero √©l no pod√≠a decirme m√°s pues estaban all√≠ en su casa Edgar Ceballos y Ram√≥n C√°ceres. Ellos so lo oficiales que me caen encima y me apresan. C√°ceres es un caso muy especial. Yo no lo conoc√≠ en la Fuerza A√©rea. Una vez voy llegando a la casa de mis padres, ya era suboficial, y me encuentro con un oficial en la casa. Qu√© raro, me dije, habr√° un problema que me mandaron a buscar. Y nada de eso, C√°ceres estaba all√≠ porque su novia hab√≠a sido compa√Īera de colegio de mi hermana. Ah√≠ lo conoc√≠. Despu√©s, √©l estuvo en la Escuela de Especialidades, fuimos oficiales juntos all√≠, incluso estuvimos mas de una vez en su casa. Pas√≥ por Balmaceda y yo estaba all√°. Ten√≠amos una relaci√≥n amistosa, aunque √©l no ten√≠a una personalidad que me atrajera. Tal vez √©l se consideraba amigo m√≠o. Bueno, cuando me torturaban, al final -y me va a perdonar que le cuente esto- yo botaba sangre por todos lados, orinaba sangre, por atr√°s, por la boca‚Ķ; y cuando yo estaba muy mal, Ferrada, que tambi√©n estaba preso ah√≠, se me acercaba y me dec√≠a: ‚ÄúCuenta todo lo que sabes, estas botando sangre y te est√°s muriendo, cuenta todo, no te van a mandar al hospital, cuenta todo‚ÄĚ. Bueno, una ma√Īana me sacan para el interrogatorio y me mandan un golpe fuerte de corriente. Y no s√© por qu√© raz√≥n esa noche se me hab√≠a acumulado sangre en el est√≥mago y bote mucha sangre ah√≠ mismo. ‚Äú¬°Lo reventamos!‚ÄĚ, dijo uno de los que me aplicaba electricidad. Me sacan la capucha y me encuentro con C√°ceres que est√° con un l√°piz en la boca y es uno de los que me est√° torturando. Y le digo: ‚Äú¬°T√ļ haciendo esto!‚ÄĚ. C√°ceres se agach√≥ y me dijo: ‚ÄúEs que ustedes quer√≠an matar a mi familia‚ÄĚ. ‚ÄúTe cabe en la cabeza que √≠bamos a matar a tu mujer, a tu hijo‚ÄĚ. Y √©l repet√≠a: ‚Äú¬°Quer√≠an matar a mi familia!‚ÄĚ. Entonces recuerdo que me pasan a un ba√Īo que hab√≠a all√≠ y yo me mir√© al espejo -porque llevaba ya no s√© cuanto tiempo bajo una capucha-, y me asust√©. ‚ÄúDios m√≠o, en lo que me han transformado!‚ÄĚ. Ten√≠a manchones amarillos y de todos los colores, barba, el pelo asqueroso con sangre. Y esa fue la √ļltima vez que me torturaron. Nunca m√°s lo hicieron. Y fue tambi√©n la √ļltima vez que vi a C√°ceres.

-¬ŅCu√°ndo sali√≥ de Chile?
Sal√≠ de Chile en 1977. Estuve en la c√°rcel tres a√Īos y medio. Aunque a los dos a√Īos y medio, cuando cumpl√≠ la mitad de mi condena, se present√≥ un documento para que me dieran la libertad. Pero el general Gustavo Leigh personalmente dijo que no, que yo no pod√≠a salir en libertad. Tuve la posibilidad de irme a Estados Unidos, Alemania o Inglaterra. Y me fui a Inglaterra, porque me daban la posibilidad de ir a la universidad. Consegu√≠ una beca y termin√© con un master en Relaciones Internacionales que al final no me sirvi√≥ de nada, porque despu√©s me puse a trabajar cuando naci√≥ mi hija all√°‚Ķ Todos partimos pensando que esto se acababa en Chile al a√Īo siguiente. Y no fue as√≠. Dur√≥ 17 a√Īos.

-¬ŅPor qu√© cuenta cada episodio duro de su vida como si se tratara de otra persona, con una tranquilidad y claridad que asombra?
De qu√© tranquilidad me habla si me he fumado como tres cigarrillos mientras hemos hablado‚Ķ ¬°Y yo no fumo! Creo que es importante reconstituir la historia tal como pas√≥. Pero es que siento que a m√≠ no me pas√≥ nada si lo comparo con lo que le pas√≥ a tanta gente que sufri√≥ mucho m√°s. Mucha gente perdi√≥ la vida. Hay mucha gente mucho m√°s importante que yo que merece m√°s atenci√≥n por lo que ocurri√≥. Hace cuesti√≥n de un mes atr√°s, como mi mujer era muy amiga de una doctora del Hospital J.J. Aguirre, Mar√≠a Elena Prieto, casualmente fuimos a ver la pel√≠cula El regalo y ah√≠ aparece que le dedican la pel√≠cula a la doctora Mar√≠a Elena Prieto. Mi mujer la quer√≠a mucho, eran muy amigas, y por e-mail ella pregunt√≥ si era la misma doctora. Y una mujer le contest√≥: ‚ÄúQu√© suerte, parece que mi mamita me est√° ayudando porque nosotros est√°bamos pensando en hacer una pel√≠cula de los presos de Pisagua, fall√≥, y ahora a lo mejor tu marido quisiera ayudarnos a hacer una pel√≠cula sobre su historia‚ÄĚ. Le respond√≠ que no, porque hay mucha gente m√°s importante. Yo sigo muy de cerca lo que est√° pasando ac√°, porque creo que hay mucha gente que merece que se la recuerde y que la historia no se pierda.

-¬ŅQu√© d√≠as son importantes para usted o conmemora en forma especial?
Creo que cuando sal√≠ libre uno se va con un poco de pena. Porque el per√≠odo en que pas√© en la c√°rcel me sirvi√≥ mucho para conocer l√≠deres obreros. Me acuerdo que hab√≠a un viejo dirigente del salitre que no se hab√≠a perdido ninguna represi√≥n. Conversaba mucho con √©l y habl√°bamos de filosof√≠a. A diferencia de los comunistas que siempre eran muy tristones y serios, √©ste hombre era muy vital. Y un d√≠a le pregunt√© por qu√© sab√≠a tanto de filosof√≠a y de pol√≠tica y de tantas cosas. Y fue la primera vez que como que se quebr√≥ un poco y me dice: ‚ÄúMire capit√°n, mi madre era cocinera de una oficina salitrera. Mi madre era prostituta tambi√©n. Yo nunca fui a la escuela. A m√≠ me ense√Īaron a leer los l√≠deres que hab√≠a all√≠ y todo lo que s√© lo he sabido por los libros que me han prestado‚ÄĚ. Cosas como esa me impresionaban mucho. Me hice muy amigo de Patricio Cariola, un cura jesuita que estuvo preso. Incluso me regal√≥ su Biblia. Se fueron los curas y, al final, hab√≠a un preso en la misma celda en que estaba yo, un tal Patricio Uribe que hab√≠a ca√≠do preso por un problema de cheques, porque era el encargado de exportaciones de David del Curto. Nos fabricamos una muy buena relaci√≥n y recuerdo que un d√≠a, cuando nos est√°bamos levantando en la ma√Īana, me estaba mirando fijamente y le digo: ‚Äú¬ŅQu√© te pasa?‚ÄĚ. Y me dice: ‚ÄúYo a ti te veo como Jesucristo, porque t√ļ dejaste tu profesi√≥n, tu familia, todo abandonado, preocupado por la gente pobre. Si a esa gente no hay que mirarla, porque no lo vas a cambiar, no vas a arreglar el mundo. Haz como hago yo: no los mires‚ÄĚ.

-¬ŅCu√°ndo sali√≥ de Chile?
Me fui a fines de septiembre de 1977. Sal√≠ de la c√°rcel con pena. Era doloroso, los presos te felicitaban, te aplaud√≠an y eso te daba una carga emocional muy fuerte. Y llegu√© al aeropuerto y estaba mi padre y mi madre. Me dol√≠a mucho que cuando mi padre me iba a ver lo revisaran entero, lo humillaran. √Čl nunca se imagin√≥ que su hijo iba a caer en la c√°rcel. Y debo confesar que yo tampoco ten√≠a dentro de mis posibilidades caer en la c√°rcel. Yo recib√≠ gran apoyo de mi familia.

-¬ŅLo ayud√≥ el coronel Juan Soler a salir en libertad?
Me baj√≥ la condena de 20 a 5 a√Īos. Y cuando t√ļ cumples la mitad de la pena puedes irte. El abogado m√≠o, Luis Ortiz Quiroga, se port√≥ muy mal, porque nunca me fue a ver a la c√°rcel y yo nunca vi mi defensa y s√≥lo la escuch√© cuando me llevaron, pero me cobr√≥. Me cost√≥ el auto que ten√≠amos en la √©poca. Cuando llegamos a Inglaterra, pens√© que ten√≠amos la plata de la venta del auto. Y le pregunt√© a Nelsa. Y ella me dijo ‚Äúno, no tenemos nada, toda esa plata se la pagamos al abogado‚ÄĚ. Y le encontr√© toda la raz√≥n: hab√≠a que hacer cualquier cosa para salvar la vida del que estaba preso. Pero a Ortiz Quiroga nunca le vi. Ni siquiera he le√≠do mi defensa. Le agradecer√≠a si usted la tiene que me facilite una copia.

Esa es mi historia. El que le puede contar mucho m√°s de lo que pas√≥ antes es Alamiro Castillo, que fue el √ļnico que tuvo la visi√≥n, o fue su mujer, de asilarse. √Čl sabe c√≥mo y por qu√© se organizaron los ‚Äúinstitucionalistas‚ÄĚ.


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