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2012-08-05 | Derechos Humanos

la danza del coronel Labbé con los cuervos de la DINA

Javier Rebolledo: Periodista y autor del libro La Danza de los Cuervos


Absolutamente todo en este mundo tiene un origen. Y el origen de la DINA y de sus horrores fue el regimiento de ingenieros Tejas Verdes junto al cuartel Rocas de Santo Domingo, ambos en el sector de San Antonio, apenas a 110 kilómetros de Santiago.

Antes del Golpe y después de él ahí rugió la voz del coronel Manuel Contreras Sepúlveda, su director. En ese lugar se instaló el primer campo de concentración de detenidos y a su lado, en Rocas de Santo Domingo, el cuartel donde se comenzó a formar a los agentes de la naciente DINA.

Ahí también estuvo presente el joven teniente de Ejército —con 25 años recién cumplidos— Cristián Labbé Galilea. Lejos de iniciar su carrera política, por esos años el actual alcalde de la comuna de Providencia era sólo un fanático seguidor del valor nacionalista de Augusto Pinochet Ugarte, a quien reconoce como su padre putativo hasta el día de hoy.

Hay al menos dos víctimas de Tejas Verdes que identificaron al teniente Labbé en dicho lugar, al lado de Contreras, registrando y torturando sin tregua. Es el caso del ex director de la Pesquera Arauco, Anatolio Zárate, a quien le fracturaron la columna en medio de la sesión de tormentos, luego de su detención en septiembre de 1973. “Era el teniente Labbé que hoy es la misma persona que es el alcalde (…) Yo fui torturado por Labbé”, me señaló para un artículo hace unos años y lo declaró también a la justicia. Sin embargo, la justicia no encontró mérito suficiente para procesar al ahora alcalde.

Es que Tejas Verdes, además de campo de concentración, fue un lugar de experimentación para los agentes de la dictadura. Como niños con sus juguetes nuevos, ahí probaron por primera vez el voltaje de las cajas eléctricas. Lo mismo con los ahogamientos, las violaciones a las mujeres, los colgamientos y los golpes.


En el cuartel Rocas de Santo Domingo, Labbé tuvo como alumnos a una parte importante de los agentes de la Brigada Lautaro, actores principales de La Danza de los Cuervos y probablemente los más crueles victimarios de la historia de Chile. Por lo menos una agente de Lautaro, Joyce Ahumada, declaró que luego de su formación en la DINA, trabajó en una brigada ubicada en calle Lord Cochrane a cargo del alcalde, cuya labor fue prestarle seguridad a la familia Pinochet.

Para evitar las muertes antes de tiempo y maximizar la entrega de información el doctor Vittorio Orvieto, hoy condenado, supervisaba las torturas junto a su asistente, la enfermera Gladys Calderón. Ella se volvió célebre debido a que años más tarde, en el cuartel Simón Bolívar y como miembro de la Brigada Lautaro, confesó ser la encargada de propocionarle a cada detenido una inyección mortal, cuestión que se detalla en el libro La Danza de los Cuervos.

A pesar de la supervisión, en Tejas Verdes varios detenidos no soportaron el rigor, y murieron. En total son 16 detenidos desaparecidos de ese campo de concentración quienes probablemente fueron a parar al fondo del mar, lanzados desde el remolcador “El Kiwi”, que zarpó del puerto de San Antonio.

“El 11 de Enero [de 1974] nos sacan de la celda y nos forman en el patio y un señor con voz enérgica nos dice: ‘Por órdenes superiores, a contar de este momento quedarán en libre plática’, y ordena que nos saquen la venda. Es así como los soldados nos quitan la venda y logro ver que la persona que se dirigió a nosotros era Manuel Contreras Sepúlveda y al lado de él, para ser más exacto, al lado izquierdo de Contreras, se encontraba Cristián Labbé y varios funcionarios más, todos vestían uniformes, declaró a la justicia el detenido Raúl Humberto Quilodrán Alcayaga.

En su declaración por el caso Tejas Verdes del 22 de diciembre de 2003, Labbé negó su paso por el campo de concentración, pero en cambio reconoció su estadía en el centro de formación de agentes de la DINA, Rocas de Santo Domingo, ubicado a pocas cuadras.

Entre sus compañeros de labores se encontraba la teniente de Carabineros Ingrid Olderock, célebre por adiestrar perros que violaban a los detenidos y Miguel Krassnoff, quien hoy suma 140 años en condenas por causas de lesa humanidad. Fue en el Club Providencia, en medio del movimiento estudiantil de 2011, donde se llevó a cabo un sentido homenaje a la poca reconocida labor de Krassnoff, actividad permitida y propiciada por el edil, a la que asistieron los seguidores de la obra de Pinochet.

Además, en el cuartel Rocas de Santo Domingo, Labbé tuvo como alumnos a una parte importante de los agentes de la Brigada Lautaro, actores principales de La Danza de los Cuervos y probablemente los más crueles victimarios de la historia de Chile. Por lo menos una agente de Lautaro, Joyce Ahumada, declaró que luego de su formación en la DINA, trabajó en una brigada ubicada en calle Lord Cochrane a cargo del alcalde, cuya labor fue prestarle seguridad a la familia Pinochet.

Esta tarea él la ha reconocido públicamente y con orgullo. Lo que no se sabía es que esto lo iba a relacionar directamente con los criminales que protagonizaron el episodio más crudo de nuestra historia. Todo ello aparece en un período en que la valoración de la dictadura, como de quienes participaron en ella, está tomando otro significado, sobre todo para las nuevas generaciones que lo ven como una aberración intolerable, imposible de soportar ni volver a repetir.

Es probable que sus fanáticas no opinen lo mismo. A los pies del edificio de Pedro de Valdivia, se han reunido para apoyarlo cantándole la oda al macho dominante, “El Rey”, de José Alfredo Jiménez. Mujeres conservadoras y machistas también, en cuyos corazones no sabemos cómo habrán caído los dichos de su ídolo, ahora coronel en retiro, cuando denostó a Josefina Errázuriz —su competidora en las próximas elecciones alcaldicias— al tratarla de “dueña de casa”, igual como lo son ellas.

16 años al mando de la comuna, sólo uno menos que su máximo ídolo comandando Chile. La última encuesta de La Tercera lo da como perdedor por 14 puntos de diferencia, y por primera vez se le ve algo más cauto, menos soberbio, más preocupado. El próximo 28 de octubre sabremos si Cristián Labbé supera o no el tiempo que la dictadura estuvo en el poder para transformarse en el líder de derecha con mayor tiempo dirigiendo una comuna. Sabremos de paso también qué pesa más, si su pasado y su pensamiento político o su pragmatismo y eficiencia como administrador.
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