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2004-02-01 | Adulto Mayor

El trabajo de cuidado a las personas en Europa

Conocimientos presentes y direcciones futuras


Lote de trabajo 9
El trabajo con personas ancianas
Estudio de la situación en Suecia, España e Inglaterra
con material adicional de Hungría


Resumen del informe consolidado

Stina Johansson
Peter Moss (editor)

Febrero de 2004

El informe consolidado íntegro está a su disposición en en la página web del proyecto

RESUMEN

Capítulo uno: Introducción
Este informe forma parte de la segunda fase de un estudio de investigación titulado El trabajo de cuidado a las personas en Europa: Conocimientos presentes y direcciones futuras. Se trata de uno de tres estudios transnacionales sobre las formas específicas del trabajo de cuidado a las personas y aborda los servicios residenciales y a domicilio para personas ancianas: los otros dos se refieren a los servicios prestados en centros dirigidos a niños menores de 6 años y a los servicios para adultos con discapacidades graves. El objetivo principal es proporcionar estudios exhaustivos sobre los conocimientos del trabajo de cuidado a las personas en la teoría y en la práctica, aunque se ha reconocido que el término “trabajo de cuidado a las personas” es problemático y polémico.

Este estudio compara la situación en tres países: Suecia, Inglaterra y España (en especial, Cataluña). El estudio se basa en entrevistas con profesionales (de los sectores público y privado, en los cuidados a domicilio y residenciales y en dos tipos de zona muy diferentes), formadores y responsables políticos en el ámbito local y nacional (o regional). Las conclusiones principales también se presentan en un estudio paralelo llevado a cabo en Hungría.

Capítulo dos: Los tres contextos nacionales
Los tres países implicados poseen perfiles demográficos y económicos diferentes y también se distinguen en términos de los modelos de cuidados sociales basados en diferentes ideas sobre el papel de la mujer, las familias y el estado, en especial, en relación con los cuidados y el empleo. Suecia, por ejemplo, destaca el papel de la mujer en el mercado laboral y la responsabilidad del Estado respecto a los cuidados; España, por su parte, destaca la responsabilidad de la familia en los cuidados. Asimismo, se observan grandes diferencias en el desarrollo de los servicios para la tercera edad, con Suecia y España situadas en sendos extremos: no sólo en cuanto al momento de puesta en marcha de los servicios (en Suecia mucho antes que en España), sino también respecto a los niveles actuales de provisión (en Suecia muy superiores que en España).

Sin embargo, también existen elementos comunes en las tendencias inglesa y sueca, algunos de los cuales se pueden ver igualmente (aunque en menor medida) en los avances más recientes en España, por ejemplo: la creciente normalización de los servicios de cuidado a las personas, a través de unas normas nacionales y una mejor formación y educación en términos tanto cualitativos como cuantitativos, un discurso creciente sobre la calidad de los servicios de los cuidados personales, mayor orientación de los servicios financiados con fondos públicos hacia la tercera edad con necesidades más acuciantes y demandas más exigentes y complejas para los cuidadores personales y una tendencia hacia una educación y formación más formal para los cuidadores, aunque ninguno de los tres países aspira todavía a una educación básica para los cuidadores más allá de la educación secundaria superior y muchos trabajadores ni siquiera poseen este nivel.

Capítulo tres: Los trabajadores
Suecia posee el personal con mayor nivel de formación. La profesión principal es la de auxiliar de enfermería, con una formación de nivel secundario superior, y la intención es que ésta se convierta en la cualificación estándar para todos los que trabajen con ancianos; pero, por diferentes razones, todavía queda mucho camino por recorrer para su completa implantación. La mano de obra inglesa está más fragmentada con presencia de diferentes profesiones en los sectores de los cuidados residenciales o a domicilio y posee un nivel de cualificación y formación educativa inferior: muchos trabajadores no tienen formación alguna y el objetivo es que todos los trabajadores obtengan una cualificación de nivel secundario superior. En Cataluña, muchos cuidadores a domicilio reciben el nombre de “cuidadores familiares”: se centran tanto en la persona anciana como en su familia, dedicando parte de su tiempo a formar y prestar apoyo a los miembros de la familia. Esta atención prestada a la familia refleja el énfasis que en España se hace sobre el papel primordial que desempeña la familia a la hora de procurar cuidados.

La mano de obra en los tres países es mayoritariamente femenina, con una edad media de 40 años y pocos trabajadores tienen hijos pequeños o en edad escolar. Los salarios son relativamente bajos, siendo los más elevados los de Suecia. En Suecia, la mayor parte del trabajo se realiza en el sector público. Sin embargo, en Inglaterra y en España, gran parte del trabajo se realiza en el sector privado. En Inglaterra, la mayoría de los servicios y, por tanto de los trabajadores, se ubica en el segmento con ánimo de lucro de este sector. Los trabajadores suelen llegar a esta profesión a una edad avanzada y no justo después de terminar su educación. Los cuidados a domicilio en Suecia se articulaban originalmente en torno a mujeres sin formación que habían sido amas de casa; en la actualidad, cuando se hace especial hincapié en las cualificaciones, los trabajadores prefieren recibir formación en el empleo antes de acceder a la profesión.

Hay pocos hombres en el sector de los cuidados a ancianos, pero los que hay suelen llegar a la profesión después de que una vivencia clave provocase un cambio de orientación profesional.


Capítulo cuatro: Formación y educación
Existen ideas diferentes sobre los conocimientos adecuados y el modo de adquirirlos, que pueden variar desde la experiencia obtenida cuidando de parientes, pasando por unas capacidades basadas en la competencia hasta llegar a una orientación más académica con un fuerte componente teórico. Se ha mantenido durante más tiempo una tradición no académica en los cuidados sociales dispensados a los ancianos respecto a otras profesiones comparables.

Suecia está pasando de la experiencia personal como base para el empleo (inicialmente como ama de casa, más recientemente con experiencia laboral) a una educación académica.

En la década de los ‘60, el empleo adquirió cierto nivel de jerarquización con la introducción de los directores de cuidados sociales. Desde entonces, los niveles educativos de directores y profesionales se han incrementado, pero la brecha formativa entre ambos grupos se ha ampliado. Para aquellos profesionales que no tienen acceso a una cualificación como auxiliar de enfermería, las autoridades locales ponen a su disposición varios tipos de formación.

La educación y la formación en Inglaterra están menos desarrolladas, pero se están realizando avances para incrementar los niveles de formación. Los estándares nacionales exigen que la mitad del personal de los proveedores de servicios posea cierta formación, aunque el nivel mínimo de formación exigido sea muy bajo (una cualificación de segundo nivel). Un modelo basado en las competencias está en uso y se centra en los resultados obtenidos en el lugar de trabajo sobre la base de las capacidades y los conocimientos específicos que han sido identificados como necesarios para una ocupación en concreto.

España posee una amplia gama de programas de formación de bajo nivel (secundario), divididos en cursos ocupacionales y profesionales. Se han desarrollado cursos ocupacionales para personas desempleadas y de formación continua para los cuidadores ya empleados. Los cursos profesionales se encuentran a un nivel medio y no permiten el
acceso directo a una formación profesional de nivel superior, excepto dentro del mismo campo profesional si se superan unos exámenes especiales. Al igual que en Inglaterra, la formación está orientada hacia la ocupación.

Ha surgido en los tres países la cuestión de si los profesionales pueden avanzar en su carrera sin tener que abandonar su puesto de trabajo y de qué modo lo pueden conseguir.
Asimismo, la complejidad y la exigencia del empleo no deja de crecer en los tres países, el cual está cada vez más orientado hacia la salud.

Capítulo cinco: ¿Qué es el cuidado social?
El término “cuidado social” se utiliza en Inglaterra y Suecia para describir los cuidados dispensados a personas ancianas. No obstante, además de ser un término utilizado para identificar un área política concreta y un abanico de servicios (i.e., un concepto administrativo), el concepto no se ha desarrollado demasiado ni en el campo político ni en la práctica. Su significado puede ser confuso aunque la reflexión sobre el concepto se inició en Suecia en asociación con un proceso de academización de la educación.

Los cuidados sociales también se han definido en términos de lo que no son, sin embargo, esto resulta cada vez más complicado a medida que los límites entre los cuidados, el trabajo social y la salud se difuminan. En Inglaterra, existe una estrecha relación entre los cuidados sociales y el trabajo social (ambos se clasifican en la legislación dentro de la categoría de “cuidados sociales), pero esta relación es más problemática en Suecia, en donde muchos consideran que los cuidados sociales y el trabajo social tienen orientaciones bien distintas.

Del mismo modo, en España, los cuidados sociales y el trabajo social están claramente diferenciados en la legislación y en la práctica, aunque están asociados en los recursos.

No obstante, en los tres países una estrecha relación vincula a los cuidados sociales con la salud. En Suecia, por ejemplo, el trabajo de los cuidados sociales ha evolucionado hacia una actividad compleja, con un componente sanitario importante; actualmente, los cuidados sociales y sanitarios de personas ancianas dependen de la responsabilidad de las autoridades locales. Unas relaciones más estrechas también pueden llevar a más conflictos.

Una tercera frontera importante se ha fijado entre los cuidados formales e informales. En España, la relación es “complementaria”: la familia es la fuente principal de cuidados, donde los cuidadores ofrecen un servicio y un apoyo más especializado a las familias. En Suecia, la relación es más “suplementaria”: los cuidadores informales e informales se completan entre sí en lugar de restringir los cuidados formales a una ayuda más especializada. En este estudio, los trabajadores suecos se muestran más a favor que sus homólogos ingleses y españoles de que los servicios formales asuman la mayor parte de los trabajos de los cuidados personales, al considerar que la responsabilidad recae mayoritariamente en la sociedad y no en la familia. La relación entre los servicios formales e informales también puede cambiar con el tiempo, si las personas ancianas tienen acceso a servicios de calidad que les permitan de verdad elegir entre los cuidados formales e informales.

Aunque pueden surgir una serie de dificultades en las relaciones entre los trabajadores y la familia: los trabajadores se muestran compasivos hacia la situación de los familiares y consideran que el trabajo con los familiares es una parte importante de su actividad.

El trabajo con las personas ancianas implica unas relaciones complejas entre las personas que dispensan los cuidados y las personas que los reciben. También está condicionado por las percepciones que los cuidadores tienen respecto a cómo son o deberían ser las personas ancianas. Surgieron cuatro percepciones: las personas ancianas como seres dependientes pero también potencialmente independientes (los servicios de cuidados personales insisten en la necesidad de capacitar a las personas ancianas para que sean tan independientes como sea posible); las personas ancianas como recursos, depositarios de experiencia y conocimientos de gran valor; la importancia de la dignidad; y las personas ancianas como una carga.

Capítulo seis: Capacidades necesarias para un cuidador
El trabajo de los cuidados personales suele ser abordado desde la perspectiva de las relaciones, en tanto que los trabajadores ingleses hablan de la importancia de las capacidades sociales y de comunicación; la empatía, la intuición y la comprensión; la conciencia de necesidad; la capacidad para escuchar; la paciencia; la responsabilidad; el sentido del tiempo; la experiencia personal y la capacidad para inspirar confianza. Los formadores españoles hablan de la necesidad de que la formación actual se centre más en las tareas que en las relaciones emocionales. En ambos casos, las capacidades necesarias para el trabajo se suelen considerar cualidades innatas y personales: un cuidador simplemente las tiene o no las tiene.

Los cuidadores suecos identificaron seis áreas de conocimiento necesarias: competencia médica, conocimiento de los cuidados (por ejemplo, medicación, psicología, gestión de los conflictos), empatía, competencia social, conocimientos prácticos y conocimientos basados en la experiencia. Los conocimientos basados en la experiencia es un término generalmente utilizado sin definir qué tipo de experiencia pueden ser necesaria para el trabajo de los cuidados a la tercera edad.

El trabajo basado en las relaciones suscita una serie de dilemas: si está orientado hacia las tareas o hacia los clientes; si define las fronteras entre el beneficiario de los cuidados y el cuidador (algo complicado porque el beneficiario de los cuidados suele tener más poder en las relaciones del reconocido en realidad); entre gestión/ administración y el tiempo dedicado al contacto directo entre el cuidador y el beneficiario; y la falta de tiempo para desarrollar una relación sólida.

Capítulo siete: ¿Qué son los cuidados sociales en la práctica?
Gran parte de los trabajadores percibía que la imagen pública de su trabajo no era buena y que mucha gente no entendía ni valoraba su labor; aún así, los propios cuidadores suelen pensar que el trabajo que realizan es importante y algunos de ellos consideran que su estatus social está mejorando. Entre las razones aportadas para ese estatus tan bajo de su labor están su asociación con cualificaciones de bajo nivel, la invisibilidad del trabajo y la falta de oportunidades de promoción profesional. También se ha sugerido que puede estar relacionado con la baja estima social que tienen las personas ancianas, por lo que trabajar con ellas está considerado como “cuidados que no producen resultados”, es decir, un trabajo de prioridad baja.

Los cuidadores piensan que existen pocos aspectos de su trabajo condicionados inherentemente por el género, aunque las personas ancianas puedan mostrar ciertas preferencias respecto a quién les administre los cuidados, en especial, en todo lorelacionado con la higiene personal.

En Inglaterra, la división entre trabajo remunerado y vida familiar desaparece para muchas mujeres cuidadoras, en tanto que en Suecia la división está más definida. Esto parece reflejar diferencias ideológicas y políticas entre los dos países.

Pocos profesionales manifestaron poseer experiencia cuidando personas ancianas de minorías étnicas. No obstante, la cuestión no se limita al modo en que los trabajadores se comportan frente a las personas ancianas de esos entornos, sino que también abarca el comportamiento y la actitud de ciertos ancianos de raza blanca hacia trabajadores de
minorías étnicas. Algunos informantes españoles señalaban las relaciones complicadas que surgen con trabajadores inmigrantes, por ejemplo, a raíz de las diferencias en las cualificaciones o por no disponer de los permisos de residencia necesarios.

Puesto que la práctica del trabajo de los cuidados personales forma parte de una red completa en continua expansión de servicios dirigidos a las personas ancianas, se está prestando una atención cada vez mayor a la coordinación y al liderazgo. En Suecia, el director de cuidados sociales es un empleo clave que se viene desarrollando desde la década
de los ‘60: el liderazgo se ha convertido en un campo esencial de conocimientos para esta profesión, que se distingue del trabajo social. Por el contrario, en Inglaterra y España, se asigna a los trabajadores sociales un importante papel de coordinación.

El abuso y el abandono de las personas ancianas es un problema cada vez más frecuente, lo que ha llevado a prestar una atención especial a la gestión de riesgos.

Capítulo ocho: Entorno de trabajo
Un rasgo particular del trabajo de ayuda a domicilio es gestionar el trabajo en el hogar de otra persona, lo que puede ser una cuestión compleja y delicada. Muchos trabajadores suecos destacan la importancia del equipo de trabajo, incluso en el tipo de trabajo más
aislado como es el de la ayuda a domicilio. Los equipos de trabajo también existen en Inglaterra y en España, pero parecen menos desarrollados en los servicios de ayuda a domicilio.

Al igual que con otras formas de empleo de los cuidados personales, los cuidadores de ancianos parecen muy satisfechos con el trabajo en sí: les gusta lo que hacen y les gustan los ancianos. Los aspectos negativos son el bajo salario (en especial, en Inglaterra y en
España), el estrés causado por las exigencias del trabajo (físico y psicológico) y la falta de tiempo.

Capítulo nueve: Contratación de la mano de obra
Conseguir y mantener una mano de obra suficiente es un problema en los tres países. En Inglaterra y en España, los salarios bajos y las malas condiciones laborales se han identificado como los principales problemas de la contratación de personal. Las posibles soluciones propuestas en Inglaterra incluyen una base de trabajadores más diferenciada, con unos tipos de cuidadores nuevos, más flexibles y mejor pagados. En España, se hace un énfasis especial en la mejora general de los niveles de formación y cualificación exigidos para el trabajo con personas ancianas. Sin esto, algunos piensan que los buenos cuidadores se marcharán a otros campos profesionales.

Suecia se ha ido alejando progresivamente de su fuente original de trabajadores: mujeres de mediana edad sin hijos pequeños a su cargo y con niveles educativos bajos. Se buscan nuevas fuentes de contratación, así como nuevas fuentes de conocimientos: pasando de una experiencia más vital y típica de las amas de casa a una educación más académica. Así, el objetivo oficial es abordar la cuestión de la contratación incrementando el estatus del trabajo a través de una educación formal y una base de contratación ampliada. No obstante,
se sigue otorgando gran valor a la experiencia vital.

Existe un acuerdo general de que se precisan más trabajadores hombres.

Capítulo diez: Direcciones futuras
Este informe termina ofreciendo unas conclusiones sobre la situación actual del empleo de los cuidados a ancianos y sus direcciones futuras. Considera las implicaciones de los diferentes modelos de cuidados sociales, destacando cómo el modelo sueco (en comparación con Inglaterra y España) se basa en la expectativa de familias compuestas por dos cónyuges que trabajan fuera del hogar, en el apoyo social a los padres que trabajan y en unas fronteras más definidas entre el trabajo y la familia. No obstante, la relación entre el género, el empleo y la vida familiar es dinámica y en Inglaterra y España se están operando cambios fundamentales. Estos cambios tendrán implicaciones para el papel de las mujeres y las familias a la hora de proporcionar cuidados y para el futuro de los cuidadores personales. El sector del empleo de los cuidados a las personas deberá estar en posición de predecir e integrar nuevas trayectorias profesionales y rutas de acceso al campo profesional
o arriesgarse a sufrir una escasez grave de personal en una sociedad en donde las mujeres acceden con mayor frecuencia a una educación superior, disfrutan de más oportunidades laborales, esperan poder desempeñar un trabajo estable y están preparadas para retrasar o
renunciar a la idea de tener hijos.

Además, se ponen de manifiesto una serie de dilemas: el estatus del trabajo; la contratación y la retención; la educación, la formación y la estructura futura de la base de trabajadores; y el apoyo y la coordinación. Ha de prestarse mayor atención a: conceptualizar y teorizar el trabajo, por ejemplo, explorando en profundidad los conceptos existentes como los “cuidados sociales” y los conceptos de nuevo cuño como la “pedagogía de la tercera edad”; y a valorar la práctica, por ejemplo, mediante el desarrollo de métodos para el análisis crítico y la reflexión como es el caso de la documentación pedagógica.

Los servicios de cuidados a ancianos cada vez son más especializados y cada vez se espera más de las familias, frente a lo que ocurre con los servicios dirigidos a los niños, en donde la responsabilidad pública está creciendo o ya es universal. Los cuidados familiares y los cuidados formales no se deben considerar como excluyentes. Los ancianos no siempre prefieren a sus parientes para que les dispensen cuidados. Los cuidadores pueden “liberar” a los familiares para que éstos dispongan de más tiempo para dedicar a otros aspectos del cuidado personal como, por ejemplo, a la comunicación con sus parientes. Lo que las personas ancianas necesitan no es algo estático, como tampoco lo son sus expectativas.

Las tendencias demográficas y los cambios en los cuidadores personales apuntan hacia un incremento de los costes en el campo de los cuidados dispensados a la tercera edad. Sin embargo, “el trabajo de los cuidados personales que no produce resultados” no es una prioridad privada ni pública. Si el coste para las personas y las familias se eleva en exceso, podría ser el origen de nuevos tipos de soluciones de “bajo coste”. Las autoridades públicas, ante los costes en ascenso, podrían buscar un control de los costes mediante una especialización mayor de los servicios. Así pues, las direcciones futuras del trabajo en este campo no están demasiado claras. Se ha de considerar el suministro de personal en función de la evolución del trabajo y del conocimiento cada vez mayor del empleo, además del valor que las sociedades otorgan a la tercera edad.


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